Mirando al mar soñé

Otro abandono,lo siento!Pero este fin de semana no he estado en Santiago y, más importante, no he tenido una conexión de internet digna. ¡Y es una pena porque tenía muchas cosas que contar!

El viernes por la tarde, después de la pega, nos reunimos mister Pololo y yo para hacer una breve maleta e ir rumbo a Estación Pajarito. Allí teníamos el bus (la micro) que nos llevaría a Concón. Dos horas, 4 acertijos y mil conversaciones estúpidas más tardes llegamos al pueblo soñado. Nuestro alojamiento era en Cabañas Alicia, unos apartahoteles en la parte de arriba del pueblo. Llegamos a las 23.00 derrotados y, en un alarde de simpatía, uno de los propietarios (están regentados por un matrimonio), nos vino a buscar a la parada del autobús. Nosotros nos esperábamos una terminal de autobuses, con bancos, una cafetería y los puestos donde comprar los billetes. Pero esto es Sudamérica, queridos lectores, y una casetita con su techito era más que suficiente para recibir a los recién llegados. Llegamos derrotados, así que sin más miramientos dormimos como troncos.

La verdad es que durante el sábado no hicimos nada productivo. Después de las clases de salsa y la salsoteca (otro día hablo del Mangosta, que estuvimos el jueves por la noche), las correspondientes pegas, los madrugones y demás estábamos realmente cansados y aprovechamos para recuperar sueño lo máximo posible. Nos dimos un pequeño lujo con este desayuno

En el plato de la esquina inferior izquierda y la esquina superior derecha vemos dos empanadas, una de pino y otra de queso. Lo que está en la esquina superior izquierda son dobladillas, que es similar al pan. Cómo no, no podía faltar la palta (aguacate) y el tomate. En las tazas hay leche con chocolate.

Por la tarde salimos a pasear por la parte de Concón más cercana a Viña. Aquí algunas fotos de la expedición.

Al anochecer encontramos una pizzería muy notable que nos entusiasmo con su receta pizza de chorrillana. De postre calló un pisco souer que no estaba tan fino pero bueno, apañaba.

El domingo fue más movido (y digno) porque salimos con la idea de hacer turismo. Primero llegamos a Viña en una de esas micros pequeñas con chóferes violentos. De Viña nos fuimos a Valparaíso, que a primera vista parecía más interesante que Viña. La conclusión final es que, efectivamente, lo es. Mientras que Viña de Mar podría ser cualquier pueblo o ciudad bien de la costa española (Alicante o similares), Valparaíso tiene un encanto especial. La ciudad se expande por los cerros, lo cual no es precisamente práctico. Pero cada casa tiene un color y unos dibujos diferentes, con mucha personalidad. Calles sin asfaltar, heces de animales y demasiadas cuestas empinada, pero que al pasarlas ves un paisaje impagable.

Perrito siendo observado mientras miccionaba

En mi obsesión con Neruda, fuimos a ver La Sebastiana, la casa que tuvo en Valparaíso. La idea de la casa fue de un español que buscó el punto exacto desde el que se viera toda la ciudad. El español en cuestión no la vio terminada y fue Neruda quién disfrutó de ella. Subimos desde la altura del puerto hasta la casa en cuestión…una travesía considerable con el añadido del sol de justicia no muy habitual de los inviernos chilenos. Al llegar a la casa descubrimos que había colectivos y micros que iban desde el puerto hasta La Sebastiana. Es lo que se puede denominar “Ser un pringao: Nivel- Turiston”.

La Sebastiana fue una visita estupenda, aunque creo que de momento me quedo con La Chascona (pronto iré a la Isla Negra y ahí compararé).

A la vuelta dimos una vuelta por una feria y volvimos a Viña del Mar. Allí cenamos cerveza y chorrillana (el menú de nuestra relación) y, después de penas, estres y gente que no tenía mucha intención de ayudar, cogimos la micro para volver a Concón.

El lunes, otra vez bajo el sol de justicia, buscamos el famoso paradero de la micro para volver a Santiago. Resulta que andando desde las Cabañitas teníamos un paseo hermoso, por caminos que no consideraría bajo ninguna circunstancia seguros. Pero al fin localizamos la parada y comimos en un local marinero. Más ferias hippies, en la que me hice una trenza hippie, y aprovechando el día, nos tiramos en la arena.

Volvimos a Santiago pronto, con la idea de ir al cine pero…no way. Los cines por los que pasamos estaban colapsados de familias que querían ver Ice Age y demás películas de culto así que hábilmente nos retiramos al hogar a comer sushi y a ver una peli.

Hoy ha sido un martes cualquiera. Pega, la cual es divertida; y clase de salsa. Muy divertida, le estoy cogiendo el truco.

Mañana más (y mejor).

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Un pensamiento en “Mirando al mar soñé

  1. Albricias dice:

    Lo primero, comentar los fabulosos pies de foto… pobre perro, siendo observado mientras realizaba sus micciones mañaneras…

    Después comentar que estás hecha una señora potterson “ooh calles sin asfaltar” … oh diosmio bienvenida a Beranga jajajajaja por favor PAMPLINAAAAS!

    Después de este desprecio hacia tu urbanitismo, solo decirte que te extraño bella carlota y que me encatan tus anécdotas (ahora con pololo incluido)

    MUAAAAAAAK!

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