En la playa

Este fin de semana nos hemos escapado a la playa, no muy lejos de Santiago. Han sido unos días de relax estupendos, basados en comer y dormir. Aunque hubo una excepción a esa vagueza extrema: visitar la última y más especial casa de Neruda, Isla Negra (sí, esto lo he dicho mientras recogía mis gafas de pasta y apartaba mi libro de Fiódor Dostoyevski de la mesa). Pero vamos por partes.

El sábado, tras un tremendo carrete la noche anterior que nos tenía un poco pal hoyo (es decir, derrotados), salimos hacia Guaylandia (sí, se llama así, qué le vamos a hacer). Antes de llegar pasamos por un pueblo que se llama San Antonio, con el puerto más importante de Chile. Ahí paseamos por el muelle, con los puestitos de bisuteria y de pescado, que me parecieron demasiado divertidos como para no sacarle fotos.

Comimos en un local llamado “El rincón marino”, después de ser atrapados por Larry Wilson en mitad de la calle. Cuando estábamos diciéndole que iríamos a su restaurante decidió contar chistes de españoles (sin saber que, en fin, según mi pasaporte lo soy). Larry Wilson no fue mi amigo.

Intentamos ir a Isla Negra, pero todos los tours para ese día estaban completos, así que tuvimos que reservar para el día siguiente. Llegamos a la casa, merendamos, vagueamos y cenamos junto a una chimenea con su fueguito.

Hoy nos hemos levantado tarde, como correspondía a nuestra vagueza suprema, Pero hemos tenido que espabilar rápido porque nuestra visita a la casa de Neruda nos esperaba.

La verdad es que, como las anteriores, las casas de Neruda no decepcionan, todas tienen sus peculiaridades y detalles que las hacen especiales. Pero Isla Negra tiene algo por lo que resaltar: es en esta casa donde están enterrados tanto Pablo Neruda como Matilde Urrutia, su última mujer. Mirando al mar, como no podía ser de otra manera, descansan sus cuerpos, tras batallas por conseguir mover el cuerpo de Neruda de Santiago a Isla Negra. Llevaba mucho tiempo pensando que tenía que dejarle algo a Neruda en su tumba ya que él es uno de los motivos por los que estoy aquí y por ello y por todo lo que he disfrutado con él creo que se lo tengo que agradecer. Primero pensé en algún símbolo comunista y luego pasé por un boli verde, ya que era el color de tinta con el que le gustaba escribir. Pero finalmente me decanté por algo mucho más personal y más simbólico respecto a mi.

Qué mejor que dejarle la bandera de Cuba, ejemplo vivo del comunismo, que me regaló mi querida María. Sé que tanto a ella como su hermana les encantaría estar y espero poder llevarles algún día. Hasta entonces, María puede decir que un pedacito suyo está honrando la memoria del Poeta.

A la vuelta nos esperaba un asado chileno con choripanes, cerdo y una carne demasiado buena. Regalonear después de comer y volver a Santiago. No sin antes hacer una pequeña paradita en la playa y ver la puesta de sol.

No puedo cerrar el post sin un ejemplo de la vista que hay desde la casa de Neruda en la Isla Negra….

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