Fenómenos chilenos: La señora de delante

Todos los que me conoces y/o han leído mi blog saben que le tengo cierta manía/horror/terror a hacer viajes en el metro de Santiago, especialmente en las horas de tránsito imposible, como a las 08.00 o a las 18.30. La sensación de que en la calle haga frío y que dentro estés asado como un pollo, ahogado entre los olores (in)humanos y moviéndote con los frenazos del metro, casi a ritmo de reggeaton es una experiencia vital innecesarias.

Ellos son los encargados de poner la banda sonora a los viajes en metro.

El problema es que el resto de las opciones de transporte público no mejora nuestra calidad de vida. Francamente, a mi usar  las micros de Transantiago me da dolor de corazón. Debo de ser rara, pero que un chófer me maltrate cuando entro y que luego intente matarme con su conducción violenta (“temeraria” es un término que se queda corto)no es algo con lo que goce. Los taxis, por su parte, son lentos por los atascos que se forma.

Ya que no queda más remedio usamos el metro. Con valentía y paciencia, superamos todos los obstáculos. ¿Todos? Bueno, en realidad no. Hay un fenómeno en esta ciudad que impide el normal tránsito de los usuarios del metro.

Breve introducción para la gente que no conoce el metro de Santiago: Hay espacios de tiempo en los que en una misma linea pasan dos trenes diferentes, verdes o rojos. Estos trenes no paran en todas las estaciones, sino que la verde para en algunas estaciones y las rojas, en otras. ¿Por qué este sistema? Supongo que es para descongestionar las lineas, pero en mi opinión, esta solución es un tanto cagada al cubo. 

El fenómeno que atormenta y que estropea el sistema del metro es el denominado “la señora de delante”. Esta es una señora que se parapeta en el anden, en primera fila, donde se va a detener el tren (son muchos años siendo “la señora de delante” y la experiencia da este tipo de conocimientos). El problema es que a esta señora NUNCA le va a servir el tren que va a llegar en ese momento. Aquí llega el momento clave del fenómeno: la señora se pone en la entrada del vagón, impidiendo que a los usuarios que sí les sirve ese tren puedan montarse. Es necesario decir que no cualquier señora es válida para formar parte de este fenómeno. Solo son aptas aquellas señoras que son bajitas pero esféricas, redondas, anchas de huesos, que tienen retención de líquidos, hinchadas… osea gordas. Es el tamaño perfecto porque al ser pequeñas, uno puede ver el interior del ansiado vagón al que quiere entrar pero su anchura impide la entrada en el mismo. Y aquí viene una correlación positiva: cuanta más gente hay en el metro, hay más señoras (como puestas en barreras) en las puertas.

Es sustituir la cara de los All Blacks por señoras mayores y ya está.

Evidentemente son unas señoras que no creen hacer mal a nadie, al contrario, tienen legítimo derecho a hacer más complicada y dura la vida de los santiaguinos. Precaución: estas señoras tienen desarrollada un arma que lo ponen en uso tan pronto como se vean amenazadas: el insulto y el empujón. Una fuerza sobrehumana las posee y, sin pensarlo, te empujan mientras gritan. Es decir, tú pierdes el metro (porque lo pierdes) y eres un maleducado.

Un clásico de Santiago.

 

 

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6 pensamientos en “Fenómenos chilenos: La señora de delante

  1. Esta genial el post!! Muy cierto!
    Tipica la vieja gorda que no se mueve de la entrada, no deja ni bajar ni subir. Por otra parte está la gente que tapa la escalera mecánica y no deja pasar a la gente apurada. QUE RABIA!!!!

  2. César dice:

    Ja! una radiografía certera a un personaje infaltable del metro. Debo decir que también existe su equivalente en las micros, pero además de quedarse paradas en las zonas más estrechas (por lo tanto, no dejan pasar a nadie), generalmente van con bolsas y/o bultos grandes para complementar su anchura.

    Ahora, en defensa del sistema de trenes rojos y verdes en el metro, debo decir que está diseñado para mejorar la frecuencia de los trenes, y por ende poder transportar más personas en la hora punta. Es una solución casi gratis que permite aumentar bastante la capacidad del metro.

    Saludos 😀

  3. Yo encuentro que el sistema de verde/rojo es bueno, si el problema es la gente que no se mueve de la entrada. También esta el tipico idiota que entra y se pone justo en la puerta y estorba a los demás para que entren.

  4. ziraco dice:

    Aquí, en las tierras de la corona, también pasa. Hay varios tipos: la gente (da igual sexo, color o religión) que interpreta el “dejar salir antes de entrar” como “no entrar y mirar con cara de ‘¿por qué no sales?’ a la gente que te mira con cara de ‘¿si salto por encima le sentará mal?'”; las personas que consideran que ocupar todas las canceladoras de metro en un sentido bloqueando al contrario es su única misión en esta vida; y, por supuesto, y esto sin son señoras mayores pero de constitución física variable, aquellas mujeres entradas en años que deciden comprobar en el reducido espacio del final de la caja que la cajera les ha cobrado correctamente la compra del supermercado, y tú allí, con tus donuts o tu lata de cerveza, maldices la buena educación y todos los valores contrarios al homicidio que te han inculcado.

    Un abrazo desde el norte, muchacha.

    Por cierto, hoy hemos tomado algo en la plaza de Santiago de aquí de Bilbao y resulta que no es plaza, ¡es plazuela! ¡Qué cosas!

    • cajugo dice:

      Qué alegría saber de ti, Xabitxu 🙂
      Lo del tocar los c****** forma parte de la globalización, como la Coca Cola o el fútbol.
      ¿Plazuela?Hombre, tampoco me extraña, no es muy grande…Pero en Santiago,¿en qué bares?¿En la cafetería? ¿En el intento ese de Starbucks gafapasta?
      Nos vemos muy pronto, amigo 🙂

  5. albarikoke dice:

    jajajaja me han fascinado las sutiles decripciones de las señoras esféricas jojojojo he de añadir a esos fenómenos sociales con permanente y olor redulzón que se lanzan a la conquista del asiento, arrasando a su paso toda vida humana, les da igual: niños, ancianos (su propia especie), perros…
    Otra subvariante de estás señoras, son aquellas que te observan desde la distancia, como rogando que les cedas el asiento, también están las que te miran con cara de desprecio y desaprobación absoluta por no cederles el sitio (incluso llegan a increpar sin cortarse un hair). Después te das cuenta de que esas mismas señoras que ruegan o exigen tu sitio, han bajado en tres saltos las escaleras del metro y van en dirección a aerobic, gimnasia, pilates y “quick boxing” (creo que he sodomizado la gramática al escribir esto).
    Besitos amada Carlota y queridos camaradas!
    P.D. Me sigo partiendo la caja con tu blog

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