El gimnasio y yo

Nunca he sido fan de la actividad física. Cuando digo nunca, es nunca, de verdad. Siempre he sido más de bar que de gimnasio. Pero llegó un punto en mi vida en el que era necesaria una mejora de mi condición física, por eso de que no fuera imposible para mi subir un monte o ponerme una minifalda. Y en eso estamos. Lo cual no significa que sea una culturista.

Mi rutina es así:

Salgo de casa, atravesando el parquecito, dirección Pacific. En mi MP3 suena “I’m sexy and I know it”, lo cual, permite que te diga, MP3, pero NO voy sexy con mis mallas y camiseta vieja de mi pololo and I know it. Sigo andando y cambio de canción, no soporto la falsedad del aparato.

Llego al gimnasio y tengo que dar mi número de identificación. Por cierto, gracias gimnasio por darme un número lleno de “s” y “c”, nadie se dará cuenta de mi procedencia. Una vez pasado este reto, pueden pasar dos cosas: voy a la zona de maquinas cardio o voy a alguna de las clases.

-En las rutinas de cardio lo que hago es cinta/trotadora y bici. Al estar en ese área puedo observar los diferentes perfiles típicos del gimnasio, cosa que en Bilbao no podía ya que siempre iba a las horas favoritas de la tercera edad:

·El armario croissant: Debido a cuestiones antropológicas del país, en Chile hay mucha gente que no son especialmente alta. Al gimnasio al que voy yo van muchos hombres bajitos, con pantalones cortos, camisetas de tirantes y bronceados. ¿Por qué croissant?

¿Acaso no recuerda la forma a esta postura?

  ·La tía buena: La que sea una mujer normal y que al ver a una de estas “tías buenas” no haya pensado “¿Para qué irá al gimnasio, estando tan buena?” miente descaradamente. Una puede pensar que esté así de estupenda por ir tanto, pero francamente yo no las veo hacer mucho ejercicio, sino pasearse y mover el pelo perfectamente recogido en una coleta. Es más una cuestión de exhibición… o que estén en reposo.

  ·El monitor: ¿Cuál es la principal motivación del monitor? Las mujeres. Evidentemente a las “tías buenas” no entrena, porque no hacen nada. Pero sí van a por otras mujeres, las que tienen potencial de ser futuras “tías buenas”. Puede sonar un comentario radical, pero yo nunca he visto a un monitor entrenando a un hombre. De verdad de la buena.

-Las clases tienen otra dinámica. Se crea una especie de secta, como la Cienciología, en la que la popularidad es clave. Cuanto más tiempo llevas más importante eres, como en la Cienciología, solo que en este caso además hay que pagar.

Tom-Cruise

Serás heredero del extraterrestre ese pero el profesor de baile entretenido no te quiere.

Me sorprendió gratamente que en las clases más de baile como zumba (nótese que en el Pacific se llaman “zunga”) o baile entretenido la presencia de hombres es casi del 50%. Es excesivamente evidente la orientación sexual de los participantes masculinos por dos cosas: por su ubicación en la clase (delante del todo) y por la forma de moverse (ese movimiento de cintura es demasiado para la vida).

Yo acabo de venir ahora de una clase de Pilates en la que desde que he llegado he estado deseando que se terminara la clase desde el minuto 0,30. Una tortura china.

¿En alguna triunfo? En absoluto. En la zona de cardio, mientras todos corren tranquilos, yo sudo como un pollo. Además siempre me pasan cosas indignas, como darle sin querer al botón “stop” y parar en seco, que se me caiga agua o la toalla, teniéndola que esquivar para no morir, caerme del asiento en la bici…

En las clases las cosas no mejoran. A pesar de haber sido una gran bailarina de jotas, mi psicomotricidad está oxidada y, unido a mi leve dislexia, siempre levanto la pierna izquierda cuando el profesor grita “¡pierna derecha!”. Además, todos conocen las canciones de la clase y todos terminan con un paso personal la canción menos yo (por cierto, llamamiento a que alguien me explique de dónde salen las canciones de zumba, para aprendérmelas y así tener mi final de Fama).

Me falta la caja y saberme todas las canciones de zumba, pero espero que sea mi futuro próximo.

A pesar de todo quiero seguir, porque no tengo excesiva vergüenza de hacer el ridículo (todavía) y al final lo que importa es con la sensación con la que sales, que en mi caso es genial.

¿Soy la única que tiene estas experiencias? Si no es así, les animo a compartirlas para que todos las vivamos juntos.

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