Valparaíso no es tan paraíso

Resulta que por ser una chica excelente y pasar a tener 23 añitos (pero sin dejar de ser un pollo), nos fuimos a pasar el fin de semana a Valparaíso. Se preveía un fin de semana lindo, lleno de amor y esperando a que el resto del mundo siguiera al compás de nuestro amor.

comentarios para hi5, myspace y metroflog

Sí, lo sé, desde siempre me ha gustado lo elegante y distinguido.

Lo que pasa es que no todos querían que nuestro fin de semana fuera feliz. Quienes organizaron un complot en contra de nuestra romántica escapada fueron esos malvados trabajadores de Condorbus. Vayamos por partes.

Nuestro romántico bus salía de la estación Pajarito (pío pío), es decir, el medio pique porque estaba a la c****  muy lejos de nuestro hogar. Llegamos 40 minutos antes de la salida del bus, y descubrimos el caos de viajar un día en el que gran parte de los chilenos se van de vacaciones. Todos los autobuses llegan con retrasos de hasta una hora. Gente encima de gente, otra gente encima de perros vagabundos, gente encima de maletas, maletas encima de gente…creo que se entiende el concepto. Los huequitos para sentarse mientras se esperaban los buses eran sagrados y el derecho al uso del mismo había que ganárselo.

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El Power Ranger se iba a Villa Alemana y puso en práctica la “patada flamenca” para que el flaite no le quitara el sitio.

Por lo que un trabajador de la estación me contó muy elegantemente “los Pacos tienen controlao todo la estacione y usteh entiende, sheñoritah, que desconocemoh lo retraso de lo busé”. Información que evidentemente solo me sirvió para pensar con alegría y amabilidad en las familias de los carabineros situados en la estación Universidad de Santiago. Los buses llegaban, recogían a gente durante 0,38 segundos y se iban. Anunciaban por megafonía los autobuses que llegaban, los destinos, la compañía y su horario inicial. Pero después de una hora el señor encargado del altavoz…se aburrió un poco de su tarea y los buses llegaban con retraso, estaban unos segundos y se iban. Uno de esos buses no avisado que se fue sin avisar, cómo no, era el nuestro. Lo mejor de todo es que yo pregunté y me dijeron que no era el nuestro y al irse escuchamos la frase de “oh, vaya. sí era”.

El de pelos éste también iba a Valparaíso y perdió el bus. Se lo tomó un poco mal.

Conseguimos que nos devolvieran el 100% del valor del billete y compramos otro. Nos lo ofrecían (en otra compañía claro, nunca tan masocas) a las 20.50, siendo en ese momento las 19. Volvimos a casa porque, oh vaya, en la estación Pajaritos me di cuenta que había olvidado mi billetero en casa.

Como decía antes, soy un pollo.

Fuimos a casa, comprobamos que nuestro perrito seguía vivo, metí el billetero en la cartera y volvimos corriendo a la estación. Creo que sobra decir que por poco perdemos el bus hacia Valparaíso…

Durante el fin de semana, descubrimos un Valparaíso que ni Camilo ni yo conocíamos. Camilo, como buen shileno, había disfrutado de los refinados Año nuevo que la ciudad celebra y no conocía la ciudad demasiado. Por mi parte, solo había estado unas horas, en las que subimos TODO el cerro hasta llegar a La Sebastiana y descubrir que había un colectivo que hacía el mismo recorrido por 300 pesos. Después de ese estrés al que fuimos sometidos, fuimos a Viña a por una chorrillana.

Con una clasificación absolutamente simplista, dividimos la ciudad en dos sectores: la del puerto, que es bastante fea y la de los cerros, que es más bonita pero requiere subir demasiadas cuestas. Lo del puerto no creo que se pueda excusar con la actividad pesquera, porque otras ciudades con la misma actividad no tienen ese aspecto. Me temo que la municipalidad debería invertir más dinero en su ciudad, la cual tiene demasiado potencial.

Uno de los grandes chascos del viaje fue el J Cruz. Es un local histórico de Valparaíso ya que es el lugar donde se creó la chorrillana. Para mi esta información determinó el amor ciego que sentí por el local. Almorzamos ahí el día de mi cumpleaños y, francamente, diría que es de las peores chorrillanas que he comido en la vida. Ni las papas, ni la carne eran buenas, lo que es la base de este plato que yo amo. El lugar es como para ir, si a uno le gustan los lugares variopintos en los que se cuelgan fotos tamaño carnet o cédulas de identidad que la gente olvida en el local, o si le gustan leer mensajes en la mesa del estilo “Familia Vergara estuvo aquí. Vinimos de Valdivia” o “la vida es una lenteja, o la tomas o la dejas”.

Tras la chorrillana, dimos un paseo en barco. Esperábamos algo serio, casi que con picoteo y música en vivo. Pero nuestra alternativa fue una lancha, en la que se saltaba la normativa de aforo, habiendo un 250% más personas de lo permitido y peleando por el chaleco salvavidas. Chaleco que en este barco previmos necesario.

No alcanzaron a coger chaleco salvavidas. Mala suerte.

Hay que decir que cenamos un churrasquito muy bueno en un sucuchito (¡dónde mejor!) y el día terminó en un barcito con una chelas y rosas.

El domingo huimos de Valparaíso y nos echamos en la playa de Viña. Pero no duramos ni una hora del calor que hacia así que, paseo y vuelta al hostal a recoger nuestros bultos y a casa, a abrazar a nuestra Porochecha.

Si exagero con mi percepción de Valpo, lo siento, pero quizá necesitemos un guía la siguiente vez. Voluntarios, pónganse en contacto.

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Un pensamiento en “Valparaíso no es tan paraíso

  1. Julia Aravena P dice:

    Chilena …totalmente de acuerdo con tu vision de Valparaiso y en verano…peor.

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