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Cómo son los magísters en Chile

Desde abril, además de blogger reconocida, vuelvo a ser alumna. En este caso, de la noble Universidad de Chile. Acabo de volver de clase y venía reflexionando acerca de las diferencias entre mi antiguo centro de estudios y el actual.

1. HAY COMIDA GRATIS!!: Cuando el primer día de clase hablaban del descanso del café yo pensaba: “Qué forma de incitarnos a gastar en la cafetería de la uni…”. Pero cuando fuimos a la sala y veo varias mesas con termos, café, té y,lo más importante, galletas no podía creer que aquello fuera cortesía de la Facultad. También es cierto que los postgrados no son baratos pero tampoco lo son en otros países. ¡Viva Chile, galleta!

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Salir al descanso corriendo y evitar que se lleven la última galleta de chocolate.

2. El trato al profesor: Mientras que en Bilbao el trato al profesorado era bastante informal, en Chile el respeto es extremo. Y, aquí viene mi parte favorita, para pedir la palabra en clase y plantear alguna duda , uno levanta la mano y dice “disculpe, profesor”. Gracias, Universidad de Chile, por darme la oportunidad de sentirme en Hogwarts. Espero que no se me escape un día “disculpe, profesor Dumbledore”.

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“Uy, qué vergüenza, profesor…mmm…adiós!!”

3. Las señoras de la fotocopiadora: Por lo que he visto hasta el momento, son las personas con más poder en el Campus. La estrategia definitiva es llevarse bien con ellas porque tienen la capacidad de conseguirte el libro que necesites y hacerte las fotocopias pertinentes. Todo irá bien mientras no preguntes nada. En este caso, la ignorancia es seguridad. Si hubiera una mafia, sin duda ellas serías serían El Padrino. Solo que cuando los alumnos van a mostrar sus respetos, en vez de Padrino, les llaman “tía”.

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Un alumno agradeciéndole a La Tía por haberle conseguido el libro de Foucault que necesitaba.

Seguiré informando de mi experiencia universitaria. Solo puedo decir que hasta el momento estoy disfrutando demasiado.

 

La Vega, gracias por alimentarme.

Santiago no es una ciudad especialmente barata y sus mercados no son una excepción. Ni hablar, claro está, de comprar de Plaza Italia hacia arriba: el tomate está a precio de caviar y la lechuga, de oro. Me he sentido muy estafada en el Ekono comprando palta para tener que esperar como un mes para poder comerla o manzanas con sabor a nada. Y lo peor es que Chile exporta fruta y verdura. No, de verdad, atroz.

Así que al poco de llegar, alguien (lo siento pero no me acuerdo quién exactamente [aunque diría que fue el Sesar]) me iluminó con la siguiente frase: “Andate a La Vega, pa que cachí que onda”. Estas sabias palabras resonaron en mi cabeza y compartí esta información con otras amistades. Se dieron dos grupos: el de “sí,sí,sí, vete” y el de “no, por Dios”. Esta contradicción prometía, para qué vamos a engañarnos. Ambos grupos, sin embargo, coincidían en algo: “Si vas, al menos la primera vez, que te acompañe un chileno y, a poder ser, hombre”.

Así que allá que me planté, en Metro Patronato, con mi hombre shileno. Lo primero es comprarse un carrito. Lo mejor es comprar el carrito en La Vega, porque sale mucho más barato (creo que en Providencia vi el MISMO carrito por 12000 cuando yo lo compré a 3500).  Lo mejor de La Vega es dar vueltas y vueltas por todos los locales, hacer hambre y comer en los sucuchitos de ahí o de La Vega Chica. Hoy hemos vuelto y en La Vega Chica hemos comido en un sucuchito de comida peruana que, Dios mío, yo le bailo un aurresku de honor al cocinero y al plato.

Yo he ido varias veces, sola y acompañada. Por mi experiencia voy a dar 4 apuntes:

-La Vega NO es peligrosa. De hecho hay menos posibilidades de que te roben en La Vega que en otros sitios de Santiago. Y tiene una razón: a los que tienen los puestos les interesa que la gente vaya, así que controla muy bien que no haya problemas con los clientes. Yo conocí a una chica que iba en bici y la dejaba en la calle. Esa bici nunca ha tenido un pinchazo, ni le han quitado el sillín ni nada por el estilo.

 

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¿Ves? Cosas peores te pueden pasar en tu casa.

-Si te llaman “caserita” o “caserito” seguramente sea con amorsh. Que no se me enfade nadie. Lo mejor es ir con frecuencia, para hacerte amiga de alguno de los propietarios de los puestos, para que te regalen alguna cosita.  Es más, la forma de dirigirse a los dueños de los puestos es “caserito” y “caserita”. Todos somos caseritos y estamos en todos los lados.

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QUE LEVANTEN LA MANO LOS CASERITOOOOOOOOOOS OEOEOEOEOEEEEEE

 

-El día bueno para ir a La Vega es el día que una está con la autoestima un poco baja.  Entras con cara mustia y sales feliz, después de que los caseritos te hayan deleitado con sus versos más elaborados y sus piropos más tiernos. Por mi experiencia, lo habitual es que todo sea desde el buen rollo, nadie te va a decir una guarrada. Y bueno, si algo te molesta, siempre puedes expresar tu desagrado.

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La lechuga la coges de ahí mismo

-Es muuuy fácil llegar a La Vega. Metro Patronato, linea 2, muy cerca de Tirso de Molina y Puente Cal y Canto.

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La Vega evita estas circunstancias tan habituales en mi vida.

 

Conclusión: La Vega es nuestra amiga. Si uno quiere comprar buena fruta, verdura, carne, pescado y queso a buen precio y de buena calidad, que no lo dude.

Calle 13, es que te pasaste

Calle 13 es uno de mis grupos favoritos desde hace mucho mucho. Sin embargo, me he sentido siempre muy abandonada por Residente y Visitante, porque nunca había podido ir a un concierto del grupo…hasta el día de ayer.

El concierto tuvo lugar en el Estadio Santa Laura, es decir, el estadio de la Unión Española. Cuando conseguimos entrar, tras una fila eterna de niñatos intentando colarse y esquivando a los vendedores de banditas y camisetas de Calle 13, nos contagiamos enseguida con los Chico Trujillo. Eran los primeros teloneros y la verdad es que ellos mismos estaban demasiado emocionados, así que todos bailamos los clásicos de “La cosecha de mujeres”, “La escoba” y similares.

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A tope. Si escucháis alguna de las canciones de Chico mientras veis a este señor os vais a reír. Yo por lo menos me estoy muriendo.

Los Chico se despidieron y entró Manuel  García. No quiero desmerecer a Manuel ni a sus fans pero quizás su estilo no pegaba mucho con los Chico y Calle 13. Me hubiera pegado más la Banda Conmoción o incluso el gran Joe Vasconcellos. Pero hay que decir que Manuel se esforzó y lo dio todo. Tuvo de hecho varios cambios de vestuario: paso de traje de chaqueta a un poncho y a una camisa de flores, mientras bailaba con un pañuelo. Por cierto, ¿soy yo o Manuel García

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se parece sospechosamente a

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Tim Burton?

Ahí lo dejo.

Cuando Manuel García y Ángel Parra salieron del escenario, la histeria comenzó. No es una exageración, a nuestro alrededor se desmayaron  como 3 mujeres (posiblemente yo hubiera sido la 4). La gente se desplazaba, reestructurando el orden y yo mosqueada porque no paraban de empujar.

Pero mi enfado, digno de la señorita Rotenmeyer, desapareció cuando empezaron los acordes de “Fiesta de Locos” y aparecieron Residente, Visitante y toda la tropa en el escenario. Siguieron con “Baile de los pobres”, con todo el mundo gritando “no tengo mucha plata pero tengo cobre…¡AQUÍ SE BAILA COMO BAILAN LOS POBRES!” y “¡no se necesita plata pa’ moverse, se necesita onda y música cachonda cacacacachondaaa!”

Mezclaron canciones míticas con las del nuevo disco, que hay que decir que es un pasote tremendo. De entrada tiene una canción con Silvio Rodriguez, “Ojos color sol”, y otra con Julian Assange, “Multiviral”. En el concierto, además de los 3 Calle 13, se rodearon de una orquesta de bongos, batería, trompeta de músicos cubanos, lo que para mi es sinónimo de música de alto nivel. Fueron dos horas de baile, de canciones emotivas, de romanticismo y de descubrir lo nuevo, con mucho contenido social.

Se despidieron con “Latinoamérica”, tema con el que obviamente yo lloré como pollo que soy emocionada por la letra y, sobre todo, acordándome de mi gente con este vídeo. Evidentemente hicieron el show de que se iban pero volvieron para que todos nos rompiéramos con “Atrévete”. Tocaron como 3 canciones más y, ahora sí que sí, terminaron con “Siempre digo lo que pienso”.

Salir del Estadio fue una odisea porque solo había una salida abierta, así que evidentemente sufrimos el efecto embudo a la salida. Pero me dio igual. Acababa de terminar el mejor concierto de mi vida.

Gracias, Calle 13, por esta pedazo de actuación. Pero muchas gracias a Camilo, por este regalo de cumpleaños y por acompañarme en la locura de este concierto.

6 claves que me ayudan a sobrevivir en Chile

Ayer se cumplieron 5 meses desde nuestra llegada a Santiago. 5 meses en los que hemos pasado por el aniversario del golpe militar, seguido del 18 (tikitikitiii), una primera, un perro, unas navidades con calor y un verano…con más calor. Demasiadas experiencias que contar en un país tan diferente al mio que, finalmente, marcan a un pollo como yo. ¿Cómo lo marcan?Siendo consciente de claves como estas 6.

1. AMO con todo mi corasonsito la palta: No solo sé que para el chileno la palta (aguacate) es la base de toda pirámide nutritiva, sino que además lo acepto. Cuando mis padres, en un arranque de modernidad y exotismo echaban a la ensalada palta no podía comprenderlo, solo veía una cosa extraña entre mango verde con forma de pera y un hueso gigante en el medio. Pero ahora voy a la Vega y toco todas las paltas, haciendo una fina selección.

2. Soy capaz de ir en Metro y no caerme: Sí, amigos, ya estoy en ese punto en el que controlas la velocidad e impulsos iniciales del metro lo suficientemente bien para no caerte al suelo. Habilidad que en Santiago se agradece demasiado ya que su Metro es lo menos amable con el usuario del planeta. Sin embargo, no soy capaz de hacer lo mismo en la micro. Admiro a los señores que venden helados o a los que tocan la guitarra con la intención de expandir el mensaje del Todopoderoso, porque pueden mantenerse sin caerse. Yo creo que nunca seré tan habilidosa.

Nunca me había sentido tan identificada con Harry Potter. El autobús, el revisor desagradable que no para de hablar, el conductor que no ve…

3. Cuando no entiendo un chilenismo, debo preguntar: Si decides seguirle el juego a tu interlocutor, apostando por una suposición por contexto…posiblemente fracases y sufras una leve humillación. Incluso cuando crees que entiendes al 100% la frase completa, puede haber algo que le cambie el sentido y tú no te des cuenta. En mi caso, una anécdota notable fue cuando dije delante de toda una comida familiar de mi pololo que a mi me gusta la carne cruda, queriendo decir que la carne me gusta poco hecha, vuelta y vuelta. Sin embargo, en Chile, “carne cruda” es un sinónimo para referirse al “sexy time”.

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Adiós, dignidad.

4. Cuidado con las palabras, TODO tiene un doble significado: En relación a mi simpática NOT anécdota, he descubierto la capacidad del chileno medio a tergiversar cualquier conversación en una cuestión erótica-sensual-porno. Ejemplos:

-Esta noche nos quedamos con la Pati en la casa.

+Uuuuuh.

-Estuve en el despacho del profesor del ramo hablando un rato.

+Uuuuuuuuh.

-Compramos una cama nueva.

+Uuuuuuuuuuuh.

-Cabros, nos despedimos, nos vamos a la casa.

+Uuuuuuuuuuuuuuuuh.

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Hermano, tranquilo.

5. Diminutivos, diminutivos, everywhere: En Chile, no se toma té, se toma tecito (pronunciado “tesito”). Uno no come pan con queso, come un pancito con quesito (pronunciado “pansito”). El café es cafecito, el minuto pasa a ser el minutito, el perro se conoce como perrito… y así sucesivamente.

6. “Ante todo, mucha calma”: Filosofía que se extrae del título del primer disco de Siniestro Total pero cuya aplicación es necesaria ante la vida en este país. Especialmente en trámites que incluyen CUALQUIER órgano del gobierno (no me olvido de “El Misterio del Visado” pero por causas que explicaré más adelante prefiero continuarlo una vez finalizada la tortura espera). En verano y durante la semana del 18, el país completo se detiene, entrando en un espacio-tiempo donde lo demás no importa.  Pero no solo con la Administración. Las juntas de todo tipo son media hora más tarde de lo agenciado (ver La impuntualidad chilena ), las señoras gordas del metro no te dejan pasar, si te ven pinta de extranjera (como la mía, porque por mapuche no paso) te intenta engañar en el taxi… en estas situaciones siempre  “Ante todo, mucha calma”.

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Por si lo zen no resulta…

6 claves para comprender este lindo país…¿alguien añade alguna más?

Valparaíso no es tan paraíso

Resulta que por ser una chica excelente y pasar a tener 23 añitos (pero sin dejar de ser un pollo), nos fuimos a pasar el fin de semana a Valparaíso. Se preveía un fin de semana lindo, lleno de amor y esperando a que el resto del mundo siguiera al compás de nuestro amor.

comentarios para hi5, myspace y metroflog

Sí, lo sé, desde siempre me ha gustado lo elegante y distinguido.

Lo que pasa es que no todos querían que nuestro fin de semana fuera feliz. Quienes organizaron un complot en contra de nuestra romántica escapada fueron esos malvados trabajadores de Condorbus. Vayamos por partes.

Nuestro romántico bus salía de la estación Pajarito (pío pío), es decir, el medio pique porque estaba a la c****  muy lejos de nuestro hogar. Llegamos 40 minutos antes de la salida del bus, y descubrimos el caos de viajar un día en el que gran parte de los chilenos se van de vacaciones. Todos los autobuses llegan con retrasos de hasta una hora. Gente encima de gente, otra gente encima de perros vagabundos, gente encima de maletas, maletas encima de gente…creo que se entiende el concepto. Los huequitos para sentarse mientras se esperaban los buses eran sagrados y el derecho al uso del mismo había que ganárselo.

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El Power Ranger se iba a Villa Alemana y puso en práctica la “patada flamenca” para que el flaite no le quitara el sitio.

Por lo que un trabajador de la estación me contó muy elegantemente “los Pacos tienen controlao todo la estacione y usteh entiende, sheñoritah, que desconocemoh lo retraso de lo busé”. Información que evidentemente solo me sirvió para pensar con alegría y amabilidad en las familias de los carabineros situados en la estación Universidad de Santiago. Los buses llegaban, recogían a gente durante 0,38 segundos y se iban. Anunciaban por megafonía los autobuses que llegaban, los destinos, la compañía y su horario inicial. Pero después de una hora el señor encargado del altavoz…se aburrió un poco de su tarea y los buses llegaban con retraso, estaban unos segundos y se iban. Uno de esos buses no avisado que se fue sin avisar, cómo no, era el nuestro. Lo mejor de todo es que yo pregunté y me dijeron que no era el nuestro y al irse escuchamos la frase de “oh, vaya. sí era”.

El de pelos éste también iba a Valparaíso y perdió el bus. Se lo tomó un poco mal.

Conseguimos que nos devolvieran el 100% del valor del billete y compramos otro. Nos lo ofrecían (en otra compañía claro, nunca tan masocas) a las 20.50, siendo en ese momento las 19. Volvimos a casa porque, oh vaya, en la estación Pajaritos me di cuenta que había olvidado mi billetero en casa.

Como decía antes, soy un pollo.

Fuimos a casa, comprobamos que nuestro perrito seguía vivo, metí el billetero en la cartera y volvimos corriendo a la estación. Creo que sobra decir que por poco perdemos el bus hacia Valparaíso…

Durante el fin de semana, descubrimos un Valparaíso que ni Camilo ni yo conocíamos. Camilo, como buen shileno, había disfrutado de los refinados Año nuevo que la ciudad celebra y no conocía la ciudad demasiado. Por mi parte, solo había estado unas horas, en las que subimos TODO el cerro hasta llegar a La Sebastiana y descubrir que había un colectivo que hacía el mismo recorrido por 300 pesos. Después de ese estrés al que fuimos sometidos, fuimos a Viña a por una chorrillana.

Con una clasificación absolutamente simplista, dividimos la ciudad en dos sectores: la del puerto, que es bastante fea y la de los cerros, que es más bonita pero requiere subir demasiadas cuestas. Lo del puerto no creo que se pueda excusar con la actividad pesquera, porque otras ciudades con la misma actividad no tienen ese aspecto. Me temo que la municipalidad debería invertir más dinero en su ciudad, la cual tiene demasiado potencial.

Uno de los grandes chascos del viaje fue el J Cruz. Es un local histórico de Valparaíso ya que es el lugar donde se creó la chorrillana. Para mi esta información determinó el amor ciego que sentí por el local. Almorzamos ahí el día de mi cumpleaños y, francamente, diría que es de las peores chorrillanas que he comido en la vida. Ni las papas, ni la carne eran buenas, lo que es la base de este plato que yo amo. El lugar es como para ir, si a uno le gustan los lugares variopintos en los que se cuelgan fotos tamaño carnet o cédulas de identidad que la gente olvida en el local, o si le gustan leer mensajes en la mesa del estilo “Familia Vergara estuvo aquí. Vinimos de Valdivia” o “la vida es una lenteja, o la tomas o la dejas”.

Tras la chorrillana, dimos un paseo en barco. Esperábamos algo serio, casi que con picoteo y música en vivo. Pero nuestra alternativa fue una lancha, en la que se saltaba la normativa de aforo, habiendo un 250% más personas de lo permitido y peleando por el chaleco salvavidas. Chaleco que en este barco previmos necesario.

No alcanzaron a coger chaleco salvavidas. Mala suerte.

Hay que decir que cenamos un churrasquito muy bueno en un sucuchito (¡dónde mejor!) y el día terminó en un barcito con una chelas y rosas.

El domingo huimos de Valparaíso y nos echamos en la playa de Viña. Pero no duramos ni una hora del calor que hacia así que, paseo y vuelta al hostal a recoger nuestros bultos y a casa, a abrazar a nuestra Porochecha.

Si exagero con mi percepción de Valpo, lo siento, pero quizá necesitemos un guía la siguiente vez. Voluntarios, pónganse en contacto.

2013, un año un tanto loquillo

Si 2012 fue como una noria, este año se ha parecido más a un torbellino.

Enero empezó un poco triste porque a principios de mes se fue Camilo de Bilbao, después de haber pasado las navidades y haber conocido a mi gente. No ayudó mucho a levantar el ánimo la tanda de exámenes de la uni, pero todo fue aprobado con notas simpáticas.

Si febrero tuvo algo notable para mi fue mi macro regalo de cumpleaños, de parte de mucha gente importante para mi. Primero con una fiesta sorpresa, luego con un Skype en la cocina del Portu Berria con Camilo, Enara y Jasone y este regalo que nunca voy a olvidar.

Gracias, estuve el resto del mes llorando.

Marzo terminó de una forma muy emocionante…viajando a New York City para reencontrarme con mi chiquillo.

Foto patrocinada por McDonalds.

Abril, mayo y principios de junio fueron los meses en los que se veía el final taaaan cerca…nunca llegaba hasta que llegó…¡FIN DE LA CARRERA! Después de 4 años en Leioa, Colegio de Magia y Hechicería, salí convertida en no menos que Lisensiada Gonsales. ¡Adiós, Universidad!

Parte de los titulados. Tampoco fuimos muchos más. Y sí, era verano y necesitábamos abrigos. 

Pero lo que me mató de junio fue la llegada anticipada y sorpresa de mi pololo con la ayuda de la cuadrilla. No me podía creer que estuviera allí y que pasaríamos juntos el verano en Bilbao.

San Fermín, Pamplona. 9,00 después de haber pasado la noche de fiesta. Obviamente, nadie corrió en el encierro.

A finales de julio llegó el oKupa más querido de Bilbao, el César, que se quedó hasta fines de agosto y con el que recorrimos Europa Occidental. Durante ese viaje tuvimos además la compañía de la Julie, una mujer que sabía de la vida.

 

Berlin, que afecta un poco.

A la vuelta de nuestro viaje en agosto nos encontramos con las fiestas de Bilbao, que este año se pasaron de buenas. Con último día lacrimógeno incluido.

El verano llegó a su fin, lo que trajo muchas cosas: la vuelta del César a Chile y, con más sentimientos encontrados, mi vuelta a Chile. Si bien es cierto que era mi plan y lo que yo quería desde hacía mucho tiempo, uno nunca está del todo preparados para despedirse por tanto tiempo a la gente que quieres y a la tierra en la que creciste. Con mucho cariño recuerdo cómo mi familia y amigos se fueron despidiendo de mi, deseándome lo mejor. Creo que nunca he podido agradecerles todo lo que me apoyaron porque, en ese momento, tenía un nudo en la garganta. Pero ahora no, así que gracias, yo también os echo mucho de menos y me muero de ganas por veros a todos.

La llegada a Chile fue estupenda: muchos encuentros y reencuentros con gente muy querida, celebración dieciochera y alguna que otra escapada (gran quemadura en San Pedro). Pero vuelta a la cruda realidad: a buscar trabajo y a legalizar mi situación en Chile.

Noviembre quiso que alguien más llegara a nuestras vidas (no, tranquilos, no estoy embarazada). Al principio iba a ser una noche, luego una semana…y hoy se viene con nosotros a celebrar el año nuevo. Muchos ya la conoceréis. Es la Porota, alias Unicornio, Perro Loco o Monito.

Recién recogida. Ahora es como 5 veces más grande. 

El 2014 viene con muchos proyectos y con novedades. Así que estoy expectante y con ganas de empezar con todo.

¡Feliz año 2014 desde la costa chilena!

Urte berri on!

Por qué para mi las navidades en Chile son raras

Son mis primeras navidades en Santiago. En realidad son mis primeras navidades fuera de mi casa y está siendo una experiencia estupenda.

Sin embargo, mi notable tolerancia y adaptación a nuevas tradiciones no impide que éstas me resulten curiosas y hagan que me sienta un poco perdida. Vamos haciendo una breve lista:

Hace calor: Sin duda la más notable (y la que más sufre) mi sensible cuerpecito. La escena típica de una película gringa navideña incluye Central Park, nieve, gorros de lana y besos, tras apartar la bufanda de la boca. Otra escena clásica es la de los niños esperando a Santa Claus viendo los copos de nieve desde sus casas con una chimenea encendida. Lo que yo he vivido en Bilbao en navidad no es muy diferente. No nieva tanto pero se pueden crear situaciones como

Jamia, me ha dado un jamacuco en la nieve.  

En Chile, por el contrario, la Noche Buena la hemos pasado con 30º desde las 11,00 hasta las 20,00. Es decir, que he pasado de idílico día con nieve a sentirme así:

No son pollos. En realidad es gente haciendo fila para pagar los regalos en Falabela.

La impaciencia chilena: En general los regalos se abren en la mañana del 25, después de una noche de máxima emoción esperando y sin poder dormir.

¡¡QUIERO MI CUARTO DE LIBRA CON QUESO!!

Lindo, ¿verdad? Pues aquí no. 

Aquí los regalos se abren el 25, sí, pero a las 0,00. Lo que significa que hasta ese momento, para ir haciendo tiempo, tienes que comerte toda la nevera y beberte toda la bodega. Qué terrible.

El viejito pascuero: Una cosa es que en Chile haya una influencia norteamericana notoria, pero lo de que el viejito pascuero sea Santa Claus me parece mucho. Vale que tengan nombre diferente pero, en fin, son los mismos. Aunque no es por nada, pero el viejito pascuero es más sufrido que el gringo: pasearse con esa ropa por Santiago Centro a las 16,00 es una hazaña no menor.

El viejito pascuero exhausto por el calor en el Transantiago. Lo que no sabe es que acaba de llegar a Tobalaba.

Un pequeño paréntesis para presentar a mi folclórico personaje navideño. Se llama Olentzero y es carbonero. Es como minero pero de la antigua escuela, de los que no usan casco. La historia que se le cuenta a los niños es la de que al enterarse (nadie sabe cómo) de que Jesús había nacido, salió para recibirlo. Pero sin camello ni nada, él a pata, que es vasco.

Este Olentzero claramente es familiar de Heidi.

Olentzero es la representación clara del vasco medio: no se le conoce novia, vive en el monte y en sus ratos libres se toma unos vinos.

No hay lotería de navidad: El 22 de diciembre es el día en el que en España todos se levantan esperando a convertirse en millonarios. Esto se debe a que meses antes han estado recopilando cupones de lotería de navidad,  a precio casi de caviar. Además la tradición es comprar varios para familiares y amigos, para intercambiar y tener “más opciones”.

No es que sea la mayor defensora de este vicio colectivo pero son excusas para que la gente comparta y comente lo mucho que han gastado y lo que harían en caso de ganar. Al comprobar que ninguno de los boletos que tienes es el premiado, miras al de tu lado (porque todo esto se hace en un bar) y dices: “Bueno, pero tenemos una salud de puta madre“.

Pero en Chile no existe esa magia. Entre otras cosas porque para los que llegamos de la Península, la lotería aquí tiene un nombre muy llamativo para nosotros.

La novia del pollo es la… pues así se le llama a la lotería en Chile.

——–

En fin, habrá que acostumbrarse poco a poco a las costumbres locales.

¡Feliz navidad!

La impuntualidad chilena

Yo no me considero una personal puntual. Es más, en mi proceso de maduración para convertirme en una mujer adulta he tenido que incluir la puntualidad. Durante mi adolescencia, siempre llegaba tarde a los sitios, con retrasos entre 10 y 30 minutos. Me esfuerzo por ser puntual y procuro hacer esperar a la gente menos  de los necesario.

Sin embargo, este país es contraproducente en mi desarrollo como mujer moderna y puntual. Me ha costado, pero con el paso de los meses en Santiago he empezado a asumir que nada es a la hora programada. Y no es algo del círculo en el que me relaciono. Es en todo los sitios. Todas estas situaciones las he vivido de primera mano.

Situación 1: Quedada con un amigo

Quedas con un amigo para tomar algo o te juntas en tu casa para cenar. Sueles quedar sobre las 19.00 porque es la hora a la que puede llegar teniendo en cuenta la distancia de su trabajo al punto de encuentro. ¿Eso le impide ser impuntual? En absoluto. Llegará sobre las 19,30-19.45 y justificará su retraso con el colapso del metro.

 

Situación 2: Entrevista de trabajo 

Vas a ser entrevistado para un puesto de trabajo, por lo tanto procuras llegar antes, por si te pierdes buscando la oficina, que en mi caso es en el 100% . De hecho, más de una vez he llegado a oficinas de empresas que no eran las que me habían llamado.

Oh, perdón señor Perro, creo que me he confundido.

Total, que entras en la oficina (correcta) y le dices a la secretaria.

-Buenas tardes, tengo una entrevista con el señor X a las 15,30.

+¡Oh, llega pronto!

¿¿Cómo que llego pronto??

…¡SON LAS 15.30!

+El señor X la atenderá en breves, no se esperaba que llegara tan pronto.

…¡SON LAS 15.30!

Situación 3 – Premium: Un carrete

Opción A:

Estás invitado a un carrete en una casa por el cumpleaños de un amigo. En la descripción del evento de Facebook pone que el carrete empieza a las 21,30. En los comentarios siempre alguien pregunta: “Weon, a ke hora empiesa el carretin?” a lo que el anfitrión amablemente recalca: “Chuuuta weon, lo pone en la descripsion, a las 9,30!!”. Es decir, por todos lo lados la información está disponible.

Llegas a las 21,35 pensando que llegas tarde y que qué vergüenza. Te abre la puerta tu amigo y te das cuenta de que eres el primero en llegar.

+Weeena comadre, llega pronto!

“¿Pero no era a las 21,30?”. Aseguras que no tienes el reloj adelantado ni que ha habido algún cambio de hora y ayudas a preparar las cosas. Porque, a pesar de establecer la hora, el anfitrión tampoco cumple el horario y no tiene preparado nada.

Las agujas del reloj se van moviendo. Y se mueven mucho hasta que empieza a aparecer la gente. Que es aproximadamente sobre las 23,00.

Opción B:

Organizas una fiesta en tu casa por cualquier motivo: la llegada del dios Sol, las elecciones presidenciales, la navidad, la fiesta de primavera, la salida del Iphone 4632…

Creas un evento en Facebook, incluyendo toda la información necesaria para los asistentes, incluyendo la hora.

¡¡Hay un espacio para la hora!!

Tus amigos van confirmando la asistencia. Respondes al clásico comentario en el muro del evento del “A q hora empesamos a llegar?” invitándole a leer la información del evento.

Llega el día del carrete. La convocatoria es a las 21,30 así que desde un rato antes te preparas, limpias el living, compras algo para picar, lo pones en platitos o cuenquitos, pones los altavoces/parlantes, cargas la batería del portátil para que haya música…por lo que desde las 21,30 esperas tener algo como

Alguien ha colado gatos satánicos en la fiesta.

Sin embargo, lo que te encuentras a las 21,30 es

“Me gustan los globos” reflexiona este joven que ha invitado a sus amigos chilenos.

Una vez más a las 23,00 empieza a llegar la gente, sin que nadie te explique por qué ha llegado tarde. Se asume. Lo bueno se hace esperar.

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Estas son 3 situaciones típicas pero no las únicas en las que la impuntualidad reina como máxima autoridad.

¿Estoy desvariando o es una realidad?¡Por favor, comente!

Mi machucamiento y Don César

Si en el otro post hablaba de cómo iba superando mis dificultades en el gimnasio, hoy tengo que hablar de una de las batallas perdidas.

El otro día fui a pilates todo feliz (bueno, todo lo feliz que alguien puede ir a una clase de autotortura) y en uno de los ejercicios no sé qué hice con la mancuerna que me empezó a doler el hombro izquierdo. “Bah, no será nada” pensé con la mentalidad de bilbaína que me caracteriza, y seguí mi vida.

Con tanta tranquilidad seguí con mi vida que al día siguiente tenía un paseo con la fundación con la que colaboro, Fundación Amigos Por Siempre, al Cajón del Maipo. Lo pasamos muy bien pero mi desconocida en ese momento lesión quizá no gozó tanto con los pesos que cargué. No contenta con el día en el Cajón, volví a Santiago y salí a carretear.

Lunes y martes volví al gimnasio pero con mucho dolor muscular y, sobre todo, con un pinchazo en el hombro izquierdo. El jueves ya no podía más y me puse en contacto con el papa de Camilo que es médico, y después de hacer una serie de movimientos en la casa me dijo que tenía un pinzamiento en el hombro izquierdo. Necesitaba reposo y un cabestrillo, lo cual de glamuroso no tiene mucho.

El fin de semana ha sido de mucho regaloneo con mi familia chilena, de acompañar a mi pololo a votar (friki hasta lesionada) y sobre todo de conocer a un gran personaje: Don César. No confundir a Don César con El César, amigo y compañero de batallas.

Don César es un señor que tiene una consulta en San Bernardo. Él es maso terapeuta, que como él explica (con mucha frecuencia) es la terapia que se hace con las manos para solucionar lesiones, tendones montados y cosas del estilo. Ahora bien, no hace masajes y le ofende mucho que le confundan con un masajista. Don César dice que los masajistas en Chile no tienen ni idea. Bueno, ni los masajistas, ni los médicos, ni los traumatólogos, ni los cirujanos… es algo antisistema y no tiene pelos en la lengua para criticar. También cuenta sus innumerables logros, haciendo que pacientes en silla de ruedas salgan a trotar. Puede que sea un personaje pero este señor demostró conmigo que definitivamente sapbeeee! Me miró un poco por encima y me dijo que tenía [inserte nombres de tendones y huesos] fuera y con cuatro movimientos me los metió todos (….MALPENSADOS!). Si alguien quiere el dato de Don César, que lo pida en los comentarios.

Así que nada, reposo, pastillas y dos semanas sin pilates. Pero esto no ha acabado, maldito gimnasio. La venganza será terrible…MUAJAJAJAJAAJJA

El gimnasio y yo

Nunca he sido fan de la actividad física. Cuando digo nunca, es nunca, de verdad. Siempre he sido más de bar que de gimnasio. Pero llegó un punto en mi vida en el que era necesaria una mejora de mi condición física, por eso de que no fuera imposible para mi subir un monte o ponerme una minifalda. Y en eso estamos. Lo cual no significa que sea una culturista.

Mi rutina es así:

Salgo de casa, atravesando el parquecito, dirección Pacific. En mi MP3 suena “I’m sexy and I know it”, lo cual, permite que te diga, MP3, pero NO voy sexy con mis mallas y camiseta vieja de mi pololo and I know it. Sigo andando y cambio de canción, no soporto la falsedad del aparato.

Llego al gimnasio y tengo que dar mi número de identificación. Por cierto, gracias gimnasio por darme un número lleno de “s” y “c”, nadie se dará cuenta de mi procedencia. Una vez pasado este reto, pueden pasar dos cosas: voy a la zona de maquinas cardio o voy a alguna de las clases.

-En las rutinas de cardio lo que hago es cinta/trotadora y bici. Al estar en ese área puedo observar los diferentes perfiles típicos del gimnasio, cosa que en Bilbao no podía ya que siempre iba a las horas favoritas de la tercera edad:

·El armario croissant: Debido a cuestiones antropológicas del país, en Chile hay mucha gente que no son especialmente alta. Al gimnasio al que voy yo van muchos hombres bajitos, con pantalones cortos, camisetas de tirantes y bronceados. ¿Por qué croissant?

¿Acaso no recuerda la forma a esta postura?

  ·La tía buena: La que sea una mujer normal y que al ver a una de estas “tías buenas” no haya pensado “¿Para qué irá al gimnasio, estando tan buena?” miente descaradamente. Una puede pensar que esté así de estupenda por ir tanto, pero francamente yo no las veo hacer mucho ejercicio, sino pasearse y mover el pelo perfectamente recogido en una coleta. Es más una cuestión de exhibición… o que estén en reposo.

  ·El monitor: ¿Cuál es la principal motivación del monitor? Las mujeres. Evidentemente a las “tías buenas” no entrena, porque no hacen nada. Pero sí van a por otras mujeres, las que tienen potencial de ser futuras “tías buenas”. Puede sonar un comentario radical, pero yo nunca he visto a un monitor entrenando a un hombre. De verdad de la buena.

-Las clases tienen otra dinámica. Se crea una especie de secta, como la Cienciología, en la que la popularidad es clave. Cuanto más tiempo llevas más importante eres, como en la Cienciología, solo que en este caso además hay que pagar.

Tom-Cruise

Serás heredero del extraterrestre ese pero el profesor de baile entretenido no te quiere.

Me sorprendió gratamente que en las clases más de baile como zumba (nótese que en el Pacific se llaman “zunga”) o baile entretenido la presencia de hombres es casi del 50%. Es excesivamente evidente la orientación sexual de los participantes masculinos por dos cosas: por su ubicación en la clase (delante del todo) y por la forma de moverse (ese movimiento de cintura es demasiado para la vida).

Yo acabo de venir ahora de una clase de Pilates en la que desde que he llegado he estado deseando que se terminara la clase desde el minuto 0,30. Una tortura china.

¿En alguna triunfo? En absoluto. En la zona de cardio, mientras todos corren tranquilos, yo sudo como un pollo. Además siempre me pasan cosas indignas, como darle sin querer al botón “stop” y parar en seco, que se me caiga agua o la toalla, teniéndola que esquivar para no morir, caerme del asiento en la bici…

En las clases las cosas no mejoran. A pesar de haber sido una gran bailarina de jotas, mi psicomotricidad está oxidada y, unido a mi leve dislexia, siempre levanto la pierna izquierda cuando el profesor grita “¡pierna derecha!”. Además, todos conocen las canciones de la clase y todos terminan con un paso personal la canción menos yo (por cierto, llamamiento a que alguien me explique de dónde salen las canciones de zumba, para aprendérmelas y así tener mi final de Fama).

Me falta la caja y saberme todas las canciones de zumba, pero espero que sea mi futuro próximo.

A pesar de todo quiero seguir, porque no tengo excesiva vergüenza de hacer el ridículo (todavía) y al final lo que importa es con la sensación con la que sales, que en mi caso es genial.

¿Soy la única que tiene estas experiencias? Si no es así, les animo a compartirlas para que todos las vivamos juntos.