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La Vega, gracias por alimentarme.

Santiago no es una ciudad especialmente barata y sus mercados no son una excepción. Ni hablar, claro está, de comprar de Plaza Italia hacia arriba: el tomate está a precio de caviar y la lechuga, de oro. Me he sentido muy estafada en el Ekono comprando palta para tener que esperar como un mes para poder comerla o manzanas con sabor a nada. Y lo peor es que Chile exporta fruta y verdura. No, de verdad, atroz.

Así que al poco de llegar, alguien (lo siento pero no me acuerdo quién exactamente [aunque diría que fue el Sesar]) me iluminó con la siguiente frase: “Andate a La Vega, pa que cachí que onda”. Estas sabias palabras resonaron en mi cabeza y compartí esta información con otras amistades. Se dieron dos grupos: el de “sí,sí,sí, vete” y el de “no, por Dios”. Esta contradicción prometía, para qué vamos a engañarnos. Ambos grupos, sin embargo, coincidían en algo: “Si vas, al menos la primera vez, que te acompañe un chileno y, a poder ser, hombre”.

Así que allá que me planté, en Metro Patronato, con mi hombre shileno. Lo primero es comprarse un carrito. Lo mejor es comprar el carrito en La Vega, porque sale mucho más barato (creo que en Providencia vi el MISMO carrito por 12000 cuando yo lo compré a 3500).  Lo mejor de La Vega es dar vueltas y vueltas por todos los locales, hacer hambre y comer en los sucuchitos de ahí o de La Vega Chica. Hoy hemos vuelto y en La Vega Chica hemos comido en un sucuchito de comida peruana que, Dios mío, yo le bailo un aurresku de honor al cocinero y al plato.

Yo he ido varias veces, sola y acompañada. Por mi experiencia voy a dar 4 apuntes:

-La Vega NO es peligrosa. De hecho hay menos posibilidades de que te roben en La Vega que en otros sitios de Santiago. Y tiene una razón: a los que tienen los puestos les interesa que la gente vaya, así que controla muy bien que no haya problemas con los clientes. Yo conocí a una chica que iba en bici y la dejaba en la calle. Esa bici nunca ha tenido un pinchazo, ni le han quitado el sillín ni nada por el estilo.

 

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¿Ves? Cosas peores te pueden pasar en tu casa.

-Si te llaman “caserita” o “caserito” seguramente sea con amorsh. Que no se me enfade nadie. Lo mejor es ir con frecuencia, para hacerte amiga de alguno de los propietarios de los puestos, para que te regalen alguna cosita.  Es más, la forma de dirigirse a los dueños de los puestos es “caserito” y “caserita”. Todos somos caseritos y estamos en todos los lados.

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QUE LEVANTEN LA MANO LOS CASERITOOOOOOOOOOS OEOEOEOEOEEEEEE

 

-El día bueno para ir a La Vega es el día que una está con la autoestima un poco baja.  Entras con cara mustia y sales feliz, después de que los caseritos te hayan deleitado con sus versos más elaborados y sus piropos más tiernos. Por mi experiencia, lo habitual es que todo sea desde el buen rollo, nadie te va a decir una guarrada. Y bueno, si algo te molesta, siempre puedes expresar tu desagrado.

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La lechuga la coges de ahí mismo

-Es muuuy fácil llegar a La Vega. Metro Patronato, linea 2, muy cerca de Tirso de Molina y Puente Cal y Canto.

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La Vega evita estas circunstancias tan habituales en mi vida.

 

Conclusión: La Vega es nuestra amiga. Si uno quiere comprar buena fruta, verdura, carne, pescado y queso a buen precio y de buena calidad, que no lo dude.

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¿Por qué, H&M Chile?¿Por qué?

Yo soy fan número 1 de H&M. Si pudiera, me habría casado con H&M y habría tenido hijitos con él. Desde tiempos inmemoriales H&M ha sido mi salvación, mi luz en momentos oscuros, mi espacio donde hacer tiempo en largas esperas, mi ayuda ante acontecimientos que marcan la vida de una…en fin, donde he comprado el 80% de mi ropa (hasta que conocí Primark, pero esa es otra historia. 

Nuestra relación siempre fue muy linda y nunca conocí fronteras: País que visitaba, H&M que necesitaba probar. Y ninguno me decepcionó. París, Londres, Lisboa, Madrid, Nueva York…Por eso, al saber que se abriría un H&M en Santiago mi alma se lleno de jubilo. “No solo encontraré ropa de mi talla sino que también de mi gusto” pensé con lágrimas en los ojos. 

Reacción natural ante la apertura del H&M en Santiago. Aunque en lo que celebraciones se refiere, yo soy más de bar.

Ayer me vi en la necesidad imperiosa de comprarme un cinturón, excusa más que razonable para correr al H&M de Costanera Center. Entré emocionada y ¿qué me encontré?

El caos.

“El orden lleva al caos” ha sido para mi una filosofía de vida, pero el nivel de caos de este caso en concreto no era ni medio sano. Para empezar la ropa amontonada, como si aquello fuera una feria. La decoración era bonita pero eclipsada por ropa encima de otra ropa, sin respetar tallas, estilos ni nada. 

Esta soy yo intentando pasar entre la ropa, buscando un cinturón.

En la zona de los accesorios se situaban las cosas rebajadas. Había muy poco, una caja con algún bolsito, un gorrito (que me llevé) y 4 chorraditas. En la ropa rebajada solo había abrigos y pantalones de pana. Vi cosas bonitas pero por ninguna me volvía loca. 

Otro punto malo es la cantidad de gente que hay. Algo me había advertido pero no pensé que en este caso la exageración del chileno no aplicaba. Eran dos pisos de gente desordenando ropa. Tampoco es que los que trabajan allí se matan por reorganizar.

Cuando decidí el cinturón que quería y piqué con el previamente comentado gorrito y un clutch decidí que era el momento de pagar. Y ahí si que es cosa del H&M: filas eternas porque en las cajas, que hay para que trabajen 5, solo hay 2. Además parece que ayer era “El Día del Becario” porque solo uno sabía manejar las cajas y su compleja tecnología.

Caja registradora del H&M según sus trabajadoras. 

Algunas tímidas empleadas empiezan a aparecer pero, para sorpresa de todos, las filas no van más rápido. Después de una fila de 15 minutos me toca a mi. Le entrego las cosas que me quiero llevar, las pasa por el detector, inserta mil claves y me pregunta por mi modo de pago. “Con tarjeta”. Pasa mi tarjeta por la ranura dos veces, y se da cuenta que mi tarjeta es especial y que tiene que pasarla por otra ranura. Lo hace y PUFF se le apaga la maquina. 

-Mejor vaya a donde mi compañera para que le cobre. 

Cerraron esa caja, haciendo que el resto se juntara en la otra. Su compañera me cobra y PUUUUUUF se le apaga la maquina.

-Claramente la tarjeta de esta chiquilla está mala.

Entonces sentí la ira de 20 personas porque según la cajera del H&M me había cargado dos maquinitas…¡MENTIRA!¿Cómo iba a ser la tarjeta?Pero claro, era más fácil culparme a mi, un pollo. A medio escondidas me hicieron el cobro y funcionó. Huí lo más rápido posible del lugar.

¿Volveré?Obvio, qué remedio. Pero ojalá mejore, sino mi vida no volverá a ser como antes.