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Grande 2012

Este 2012 lo compararía al ascenso de una montaña, por ejemplo.

La montaña empieza abajo del todo, en enero. Un mes desastroso, caracterizado por su infinidad de examenes y el decepcionante final de los mismos. Lecciones de la vida que a la larga sirven de aprendizaje pero que en el momento son cuanto menos dolorosas.

Pero empecé el ascenso en febrero, el mes de mi cumpleaños. Un mes divertido, con conciertos y una escapada a Suiza, a visitar a mi amigo Andrés. Pero lo más importante de febrero es que fue el inicio de los dos grandes acontecimientos de este año, que sin duda han marcado el resto de mi vida: la confirmación de mis prácticas en Chile y conocer, de una forma inesperada, a Camilo.

Los meses siguientes, hasta llegar junio, fueron de preparación para la gran aventura del año. Eso no impidió, por otra parte, otros acontecimientos como viajes (Neverforget los días de Fallas), conciertos, mi temporada de Rodríguez en casa…

Y ya, en junio comencé a ver la cima. Las dos primeras semanas fueron estresantes y la llegada a Santiago lo marcó todo. 3 semanas en las que adaptarme no fue nada difícil en un país que adoraba ya de antes.

Pero definitivamente el 1 de julio llegué a la cima de la montaña. Ese día tuve la oportunidad de conocer  a Camilo en persona. El hombre que ha dado vuelta a todos los esquemas de mi vida y a mi concepción del amor. Julio, agosto y septiembre sirvieron para enamorarme todos los días un poco más de Camilo y de hacer lazos con gente, mi gente de allí. La marcha en septiembre fue dura pero sigo arriba, en la cima, porque al volver he podido apreciar mucho más a mi gente de aquí.

No paro de dar gracias al 2012 por todo lo que me ha traído. Una aventura, un lanzamiento profesional, un aprendizaje enorme, nuevos amigos increíbles y al que sin duda es el amor de mi vida.

A todos los que habéis hecho que este año sea como ha sido muchas gracias y nos vemos en el 2013.

Respecto a las fotos, no son todos los que son pero sí son todos los que están.

Placeres chilenos

No, no es un relato erótico ni nada similar, a pesar de tener el título de una novela romántica como

Este post habla sobre otro tipo de placer… el chocolate.

El día que hicimos el paseo rural (Post: Turismo Rural) terminamos en la casa de  una de las amigas de mi suegra. Esta amiga suya hace un chocolate artesanal impresionante, que a su vez vende en su propia tienda, todo ello en su casa. Empezó muy poco a poco cogiendo fama ahora es una de las chocolateras más importantes del país. Suministra a bodegas para sus catas, empresas…

La verdad es que en el momento en el que pruebas uno de sus bombones entiendes eso de que sea de las mejores. Es puro chocolate. Además no le hecha grasa, así que el sabor es más intenso. Hace sus propias recetas y mezclas curiosas, sobre todo con vinos. Para rematar, ella es un cielo y, a pesar de llegar tan tarde un sábado, nos atendió y nos enseñó todo.

 

También tiene miel y cremas artesanales.

Los amantes del chocolate que se apunten el dato.

Turismo de ciudad

La idea inicial era sencilla. sana y turística: subir el cerro Santa Lucía, comer e ir a ver una feria que se manejaba con trueque. Lo dicho, “la idea inicial”. Los planes se han trastocado en menos de un minuto pero la verdad es que hoy me lo he pasado como una enana.

De partida la idea de subir el cerro, con el calor que hacia ha sido la primera en fenecer, como era de esperar. Que el deporte es insano lo sabe todo el mundo y yo no me quiero exponer ni a riegos ni a peligros. Mucho más sano ha sido ir a la Fuente Mardoqueo, comer un churrasco con palta, tomate, champiñones y pimientos y beber una super Cuzqueña. A dicha hazaña hemos ido con grandes amigos, que han hecho del almuerzo un rato muy divertido.

La verdad es que el local era muy bonito, a pesar de estar en un sector un tanto… incómodo para pasear. Algunas fotos del local:

A la salida de la comida, hemos visto una protesta del barrio. Los vecinos se quejaban de que la municipalidad quería tirar las casas que habían sido dañadas en el último terremoto, en vez de arreglarlo. Bueno eso es lo que hemos podido entender.

Ejemplo de casas Zalaquet no quiere reconstruir.

Señor reivindicativo.

Luego una señora iba gritando por la calle diciendo que la gente que protestaba dormía en la calle y eran vagabundos… una señora muy respetuosa.

Después mi querida Pao nos abandonó pero el resto del grupo vino con nosotros a La Chascona. Del grupo que íbamos, los 3 chilenos no conocían la casa de Neruda en Santiago y yo repetía, cuan friki.

Nos aventuramos a La Chascona, residencia en Santiago de Neruda, para ver sus colecciones, los libros que no fueron quemados en el golpe, los bolsos de Matilde Urrutia…repetí visita pero me encantó.

A la salida quisimos subir al Cerro San Cristóbal, aprovechando el día tan bonito que había salido. Peeero el funicular había cerrado y no estábamos en condiciones de subir andando así que optamos por una opción más sana: ir a un bar a tomar cerveza y comer chorrillana. Antes de ir a por chorrillana tuve que sacar esta foto.

Volviendo al tema de los bares, estuvimos en

y fue bastante decepcionante porque la chorrillana que vendían como pro era pequeña y sin mucha gracia. Yo me sentí dolida ante tanto engaño.

Cuando empezó a oscurecer paseamos por la feria artesanal de Bellavista (qué raro) y dejamos a los muchachos en el metro. Nosotros seguimos paseando y acabamos en el Parque de la Aviación, que por las noches la fuente se ilumina con diferentes colores.

Es más impresionante en vivo.

Tras el momento romántico nos retiramos al hogar, que llevar todo el día danzando cansa.

Turismo rural: Viñas y Pomaire

Mi cuenta regresiva comienza, lo cual hace que me apure y me dé prisa por conocer aquello que todavía no he visto. Así que hoy tocaba turismo rural, de la mano de los suegros. La primera parada han sido unas viñas, a las que no ha habido mucho éxito al principio porque estaban cerradas y no las hemos podido ver. Ningún tipo de soborno ha permitido que los guardias nos dejaran entrar, por lo tanto las fotos son un poco estilo periodismo de investigación.

 

 

Sí, se ve que está más seco que la mojama, pero es que no es época de viñas.

Con alegría vimos que Terra Mater, una de las bodegas potentes de Chile, estaba abierta y encima con mini feria y outlet de vinos. Alegría máxima. La botella salía como a 1.500 pesos (3 euros aprox) y son demasiado buenas. El acopio de vino era necesario. También ha caído aceite de oliva y mahonesa de aceite de oliva, siguiendo la linea.

El vino que hemos comprado y que no pensamos compartir. El comunismo está muy bien pero cuando hablamos de vino chileno, cambia la cosa.

Yo tengo un padre que hubiera disfrutado como un enano en este lugar.

Después de comer, hemos descansando un rato (sí, comprar vino es agotador) y hemos visitado Pomaire. Pomaire es el pueblo que yo conocí hace dos meses con mis suegros, cuando yo no conocía a mi señor Pololo. Quizá por el romanticismo de volver al pueblo donde estuve nerviosa o porque me encantó el pueblo, pero por lo que sea volvimos. Hemos comprado artesanía y yo he sacado mil fotos.

Zampoña, un poco en memoria a las Llamosas.

Venta de ponchos.

Chanchito de greda. Ésa es la cara que se te queda después de comer un asado hecho con este aparato.

Señor que hace dos meses pedía un beso a cambio de sacarme una foto con él. Un espabilado. O un winner, según cómo se mire.

Artesanía chilena en acción.

A la vuelta a casa pasamos por una picada a por unos churrascos y a visitar a una de las mejores chocolateras de Chile…que contaré mañana con más detalle.

Vuelta al blog- Semana vasca

¡Vergüenza debería de darme!

La verdad es que siento mucho no haber actualizado en poco más de una semana pero si no es por tiempo, es por inspiración. Así que vuelvo a la carga y a poner un poco al día este caos.

El miércoles pasado estuvimos en el Txoko Alavés, un restaurante vasco justo enfrente de la salida de Bellas Artes. Entrar a ese local fue como ir de pintxos por Bilbao. Del restaurante hablaré en el apartado de los bares, pero voy a postear aquí algunas fotos.

Una de las cosas buenas del local, aparte de la comida, era el trato de los camareros que, a pesar de ser peruanos o cubanos, tenían ese encanto de camarero vasco que enseguida te pregunta cosas acerca de tu vida o comenta contigo las últimas noticias y partidos del Athletic. Es algo que yo al menos no he visto en Santiago. Tampoco es que me muera porque el camarero no esté interesado en mi vida pero el rollo “conversa con tu camarero mientras te tomas unos potes” tiene su gracia.

La semana siguió su linea vasca el sábado, con la celebración de las Fiestas de Bilbao en nuestro depto. Preparamos pintxos, le dimos un toque decorativo con la temática de las fiestas… incluso tuvimos Mari Jaia. La Mari Jaia es una especie de muñeca travesti de 3 metros que en Bilbao paseamos con orgullo durante nuestra semana grande, acompañándonos en nuestra incansables juergas y decadentes estados catatónicos.

He aquí nuestra Mari Jaia. Espero que con la imagen se entienda por qué he dicho antes “travesti”.

El último día, en plan simpáticos, quemamos a la Mari Jaia. Sí, así de agradecidos somos los vascos. Nos das alegría y te quemamos. Aunque en eso son peores los valencianos…

Volviendo a las fiestas de Bilbao chilenas, los pintxos, música vasca, una Mari Jaia comprada en Meiggs, kalimotxo, unas nociones en euskera y un karaoke hicieron que hubiéramos una buena noche. En el caso de los pintxos, ayudaron a que la mañana siguiente también fuera buena porque nos salvó de lo que podría denominarse “The Big Hangover”. Comentar una anécdota que parece que le marcó a mi querido compañero de pega y amigo Mati. Durante el karaoke, momento en el que estábamos a fuego/on fire alguien tocó la puerta. Abrimos y era un chaval, algo perdido en la vida que le apetecía hablar y, si había suerte, colarse en la fiesta. El colega no tuvo suerte. Fin de la historia (no era muy apasionante, lo siento). Mi reflexión es la siguiente: ¿En qué momento de tu vida decides que es buena idea tocar al timbre de tu vecino, el cual está atormentando a todo el vecindario con su voz en el karaoke, e intentas colarte en la fiesta? Son las clásicas respuestas que solo el Señor tiene. Mientras el lector reflexiona acerca de esta nueva filosofía de vida, voy a dejar algunas fotos.

Desde aquí agradecer a todos los que vinisteis, por ayudarme a tener un trocito de mi añorado Bilbao durante unas horas. Fue muy bonito, muchas gracias. Especial agradecimiento, cómo no, al chef de los pintxos y al hombre más maravilloso del mundo. Sin ti nada de esto se hubiera dado.

P.D. Parecerá contradictorio teniendo en cuenta que hace una semana que no escribo pero estoy replanteándome seriamente seguir con el blog tras mi vuelta a Bilbao y, además, hablar de otras cosas que no sea turismo. Algo así como un diario. Se admiten sugerencias, críticas y/o amenazas para que no se lleve a cabo este propósito mio.

Esta imagen no tiene nada que ver con el post pero me parece demasiado genial para no explotarla.

Lindo Buenos Aires

Por fin, en casa.

(Bueno, en realidad volvimos ayer pero así se le da un poco más de dramatismo)

Como se me ocurren muchos temas de los que escribir posts, los voy a dividir para que no sea un post eterno y me odiéis para siempre. En este, como presentación, os contaré en orden cronológico lo que hicimos.

Llegamos a Buenos Aires el jueves por la noche, lo suficientemente tarde para tirarnos en la cama y quedarnos fritos. Al día siguiente desayunamos en nuestro hostal Tango Argentino, muy recomendable. Nada más salir, dimos un paseo por la calle Chile (unas horas fuera y y a con nostalgia), una calle de bares y restaurantes. Comimos en una pizzeria carne (sí, las cosas como son) y por la tarde turisteamos lo más interesante, cosas como la Casa Rosada, Cabildo, Catedral Metropolitana, Plaza de Mayo, calle Florida hasta la Plaza San Martin y recorriendo la avenida 9 de Julio (y admirando el obelisco) volvimos al hostel. Del cansancio, sin cenar, volvimos a quedarnos fritos. Allá van unas fotos del recorrido.

El sábado, después de dormir infinito, recorrimos por encima en barrio de San Telmo. Comimos en la plaza, en un restaurante muy bien, atendidos por un madrileño. Nos dijo que su chica es argentina y que si estaba allí era por ella. Por lo visto los amores internacionales están de moda (en este momento me retumba esta canción en la cabeza y el cuerpo me pide postearla, lo siento).

Después de la comida, fuimos hasta la Parque Lezama, en la que vimos una super feria y sin poder evitarlo, una fuerza magnética hizo que me tuviera que acercar a ver los puestos (esa fuerza magnética también se daba cerca de tiendas de cuero, de ropa, de bisutería y de libros). Recorrimos calles y calles hasta llegar al barrio de La Boca, donde hay dos cosas turísticas: El estadio de fútbol y la calle Caminito.

El estadio de La Boca es muy llamativo, de colores azul y amarillo, en una calle con tiendas y museos pequeños relacionados con el fútbol. A la entrada del museo está la estatua de uno de los dioses sagrados más querido y respetado de Argentina, Diego Armando Maradona.

Tras sobrevivir en unas calles un poco turbias, llegamos a Caminito. Si buscas en internet fotos de Buenos Aires o miras en una guía de la ciudad, la mayor parte de las fotos son de Caminito. Y es normal porque todas las esquinas y rincones de la calle son para hacer una foto. Lleno de tiendas, cafeterías, restaurantes… llena de vida. Recorrimos las tienditas y los puestitos (el imán, no lo puedo evitar) y nos tomamos un chocolate caliente.

 

El país del Che

Volvimos en bus al hostal porque esa noche teníamos noche mexicana, en la que pagando 40 pesos argentinos (4 lucas= algo menos de 8 euros) teníamos infinitos tacos caseros hechos en el momento y 2×1 en margaritas. Allá que nos plantamos a degustar nuestros tacos y nuestras margaritas.

Día de feria el domingo en San Telmo y allí que nos fuimos a recorrerla entera. Estuvimos como todo el día pero es que no es para menos, son como 14 manzanas (o cuadras como se dice en Chile). Hay puestos de todo tipo: bisutería  artesanía, ropas, antigüedades (vimos hasta esvásticas nazis), cuadros, elementos decorativos…una locura!

Y allí, en  una de las calles, tapado por los puestos correspondientes, mi sentido arácnico me dio una señal: Restaurante vasco Sagardi. La emoción fue tal que tuvimos que entrar a comernos unos pintxos y tomar una cerveza vasca. La tierra llama siempre y precisamente yo no iba a ser menos.

Fue el día de los vascos porque seguido en uno de los puestos vimos este cuadro

Lo dicho, Gora Euskadi.

Y esto es, en resumen nuestro viaje. Voy a terminar con unas fotos que me han gustado mucho.

En la playa

Este fin de semana nos hemos escapado a la playa, no muy lejos de Santiago. Han sido unos días de relax estupendos, basados en comer y dormir. Aunque hubo una excepción a esa vagueza extrema: visitar la última y más especial casa de Neruda, Isla Negra (sí, esto lo he dicho mientras recogía mis gafas de pasta y apartaba mi libro de Fiódor Dostoyevski de la mesa). Pero vamos por partes.

El sábado, tras un tremendo carrete la noche anterior que nos tenía un poco pal hoyo (es decir, derrotados), salimos hacia Guaylandia (sí, se llama así, qué le vamos a hacer). Antes de llegar pasamos por un pueblo que se llama San Antonio, con el puerto más importante de Chile. Ahí paseamos por el muelle, con los puestitos de bisuteria y de pescado, que me parecieron demasiado divertidos como para no sacarle fotos.

Comimos en un local llamado “El rincón marino”, después de ser atrapados por Larry Wilson en mitad de la calle. Cuando estábamos diciéndole que iríamos a su restaurante decidió contar chistes de españoles (sin saber que, en fin, según mi pasaporte lo soy). Larry Wilson no fue mi amigo.

Intentamos ir a Isla Negra, pero todos los tours para ese día estaban completos, así que tuvimos que reservar para el día siguiente. Llegamos a la casa, merendamos, vagueamos y cenamos junto a una chimenea con su fueguito.

Hoy nos hemos levantado tarde, como correspondía a nuestra vagueza suprema, Pero hemos tenido que espabilar rápido porque nuestra visita a la casa de Neruda nos esperaba.

La verdad es que, como las anteriores, las casas de Neruda no decepcionan, todas tienen sus peculiaridades y detalles que las hacen especiales. Pero Isla Negra tiene algo por lo que resaltar: es en esta casa donde están enterrados tanto Pablo Neruda como Matilde Urrutia, su última mujer. Mirando al mar, como no podía ser de otra manera, descansan sus cuerpos, tras batallas por conseguir mover el cuerpo de Neruda de Santiago a Isla Negra. Llevaba mucho tiempo pensando que tenía que dejarle algo a Neruda en su tumba ya que él es uno de los motivos por los que estoy aquí y por ello y por todo lo que he disfrutado con él creo que se lo tengo que agradecer. Primero pensé en algún símbolo comunista y luego pasé por un boli verde, ya que era el color de tinta con el que le gustaba escribir. Pero finalmente me decanté por algo mucho más personal y más simbólico respecto a mi.

Qué mejor que dejarle la bandera de Cuba, ejemplo vivo del comunismo, que me regaló mi querida María. Sé que tanto a ella como su hermana les encantaría estar y espero poder llevarles algún día. Hasta entonces, María puede decir que un pedacito suyo está honrando la memoria del Poeta.

A la vuelta nos esperaba un asado chileno con choripanes, cerdo y una carne demasiado buena. Regalonear después de comer y volver a Santiago. No sin antes hacer una pequeña paradita en la playa y ver la puesta de sol.

No puedo cerrar el post sin un ejemplo de la vista que hay desde la casa de Neruda en la Isla Negra….

Mirando al mar soñé

Otro abandono,lo siento!Pero este fin de semana no he estado en Santiago y, más importante, no he tenido una conexión de internet digna. ¡Y es una pena porque tenía muchas cosas que contar!

El viernes por la tarde, después de la pega, nos reunimos mister Pololo y yo para hacer una breve maleta e ir rumbo a Estación Pajarito. Allí teníamos el bus (la micro) que nos llevaría a Concón. Dos horas, 4 acertijos y mil conversaciones estúpidas más tardes llegamos al pueblo soñado. Nuestro alojamiento era en Cabañas Alicia, unos apartahoteles en la parte de arriba del pueblo. Llegamos a las 23.00 derrotados y, en un alarde de simpatía, uno de los propietarios (están regentados por un matrimonio), nos vino a buscar a la parada del autobús. Nosotros nos esperábamos una terminal de autobuses, con bancos, una cafetería y los puestos donde comprar los billetes. Pero esto es Sudamérica, queridos lectores, y una casetita con su techito era más que suficiente para recibir a los recién llegados. Llegamos derrotados, así que sin más miramientos dormimos como troncos.

La verdad es que durante el sábado no hicimos nada productivo. Después de las clases de salsa y la salsoteca (otro día hablo del Mangosta, que estuvimos el jueves por la noche), las correspondientes pegas, los madrugones y demás estábamos realmente cansados y aprovechamos para recuperar sueño lo máximo posible. Nos dimos un pequeño lujo con este desayuno

En el plato de la esquina inferior izquierda y la esquina superior derecha vemos dos empanadas, una de pino y otra de queso. Lo que está en la esquina superior izquierda son dobladillas, que es similar al pan. Cómo no, no podía faltar la palta (aguacate) y el tomate. En las tazas hay leche con chocolate.

Por la tarde salimos a pasear por la parte de Concón más cercana a Viña. Aquí algunas fotos de la expedición.

Al anochecer encontramos una pizzería muy notable que nos entusiasmo con su receta pizza de chorrillana. De postre calló un pisco souer que no estaba tan fino pero bueno, apañaba.

El domingo fue más movido (y digno) porque salimos con la idea de hacer turismo. Primero llegamos a Viña en una de esas micros pequeñas con chóferes violentos. De Viña nos fuimos a Valparaíso, que a primera vista parecía más interesante que Viña. La conclusión final es que, efectivamente, lo es. Mientras que Viña de Mar podría ser cualquier pueblo o ciudad bien de la costa española (Alicante o similares), Valparaíso tiene un encanto especial. La ciudad se expande por los cerros, lo cual no es precisamente práctico. Pero cada casa tiene un color y unos dibujos diferentes, con mucha personalidad. Calles sin asfaltar, heces de animales y demasiadas cuestas empinada, pero que al pasarlas ves un paisaje impagable.

Perrito siendo observado mientras miccionaba

En mi obsesión con Neruda, fuimos a ver La Sebastiana, la casa que tuvo en Valparaíso. La idea de la casa fue de un español que buscó el punto exacto desde el que se viera toda la ciudad. El español en cuestión no la vio terminada y fue Neruda quién disfrutó de ella. Subimos desde la altura del puerto hasta la casa en cuestión…una travesía considerable con el añadido del sol de justicia no muy habitual de los inviernos chilenos. Al llegar a la casa descubrimos que había colectivos y micros que iban desde el puerto hasta La Sebastiana. Es lo que se puede denominar “Ser un pringao: Nivel- Turiston”.

La Sebastiana fue una visita estupenda, aunque creo que de momento me quedo con La Chascona (pronto iré a la Isla Negra y ahí compararé).

A la vuelta dimos una vuelta por una feria y volvimos a Viña del Mar. Allí cenamos cerveza y chorrillana (el menú de nuestra relación) y, después de penas, estres y gente que no tenía mucha intención de ayudar, cogimos la micro para volver a Concón.

El lunes, otra vez bajo el sol de justicia, buscamos el famoso paradero de la micro para volver a Santiago. Resulta que andando desde las Cabañitas teníamos un paseo hermoso, por caminos que no consideraría bajo ninguna circunstancia seguros. Pero al fin localizamos la parada y comimos en un local marinero. Más ferias hippies, en la que me hice una trenza hippie, y aprovechando el día, nos tiramos en la arena.

Volvimos a Santiago pronto, con la idea de ir al cine pero…no way. Los cines por los que pasamos estaban colapsados de familias que querían ver Ice Age y demás películas de culto así que hábilmente nos retiramos al hogar a comer sushi y a ver una peli.

Hoy ha sido un martes cualquiera. Pega, la cual es divertida; y clase de salsa. Muy divertida, le estoy cogiendo el truco.

Mañana más (y mejor).

Macro actualización

Ha sido una semana de locos y he tenido absolutamente abandonado el blog, lo sé. Espero que mis lectores habituales me perdonen…qué descaro el mio!!Pero es que desde el sábado pasado, mi vida en Chile ha cambiado (mejor dicho, mi vida en general ha cambiado).

El sábado por la tarde estuve en Pomaire con mi familia política. Pomaire es un pueblo muy pequeñito, típico chileno, rural y con muchas tiendas en las que vendían artesanía chilena. Todo en general era muy barato, demasiado. El valor del trabajo no se aplica en el precio, no como en Europa, que cuando en un puestito pone la palabra “Artesanía” necesitamos donar un riñón para poder pagar un plato de decoración. Hay dos cosas típicas de Chile que se venden en Pomaire. Una es el chanchito (cerdo)

Y otra es el indio pícaro (que es demasiado)

La gracia es que tú levantas la cabeza y la figura se estira y al indio se le ve…el… (por eso se le llama indio pícaro).

También compramos dulces típicos chilenos como palmera y así. Tampoco necesitamos comprar mucho porque en la casa había mil dulces chilenos diferentes como cuchifrines, tortas, pastel de chocolate con dulce de leche…

Al día siguiente viví la escena más rocambolesca/friki pero a la vez romántica de mi vida. Madrugué para ir al aeropuerto a buscar a lo que aquí en Chile se le llama…pololo. O lo que en Bilbao le llamamos el chico, mozo, novio. Hasta ahí todo normal. Lo anormal era que nos conocimos en persona ese día. Aunque no hicieron falta más de 3 minutos para que pasamos de ser dos desconocidos físicamente a tener un feeling que nunca antes había tenido con nadie. No puedo explicar lo afortunada que me siento de haberle encontrado. Y hasta aquí la parte cursi.

El domingo por la tarde visitamos Talagante y Peñaflor, otros dos pueblos, cercanos a Santiago, rurales también. Así que el fin de semana fue descubrir el verdadero Chile, no el que pretende aparentar lo que no es y parecerse a Europa sino el auténtico, el que acepta ser Latinoamérica.

El martes fui al trabajo, como una mujer hecha y derecha, y por la noche fui con mi pololo al Rincón Brasilero, un restaurante donde te preparaban carne (muy hecha…) y te iban sirviendo todo lo que querías. Además tenía su apartado de buffet de ensaladas, ideal para cuando te entra el momento de remordimiento. Por cierto, la carne acompañada por Pisco Souer te hace ver la vida de otra forma (al tercer pisco seguramente borrosa).

El miércoles cenamos con unos amigos en el Domino’s otra de las cosas típicas, los italianos con churrasco. Del jueves me encantaría escribir pero tengo la tremenda laguna (he estado esforzándome por saber qué hice pero no obtengo respuesta). El viernes teníamos el carrete de bienvenida de mi chico con sus amigüitos, que se alargó hasta altas horas de la noche, todos acompañados de pisco, ron y otros licores caribeños, junto a clases express de salsa, momentos de dj y conocer a mucha gente. No puedo más que repetirme y decir cómo de encantadores son los chilenos. El sábado fue un día absolutamente improductivo, el máximo movimiento fue el de ir a una tienda de sushis a comprar la comida. Aunque después de una semana de no parar, un día de ésos se agradece.

El domingo, después de dormir y hacer cosas del hogar, nos hemos ido al Mercado Central, un lugar totalmente turístico. Situado en Santiago Centro, el Mercado es un lugar con dos tipos de locales: puestos donde se vendían pescado y marisco (y en algunos casos frutas y verduras) de todos los tipos y restaurantes que cocinaban dichos pescados y mariscos.

Luego hemos ido andando hasta la entrada de Bellavista, parando en algunas ferias artesanales (puestitos hippies) y turisteando un poco (bueno, tampoco “poco”, ha sido un paseo considerable).

Y hasta aquí la actualización de hoy. Intentaré escribir todos los días, ahora que hago más cosas.