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¿Por qué, H&M Chile?¿Por qué?

Yo soy fan número 1 de H&M. Si pudiera, me habría casado con H&M y habría tenido hijitos con él. Desde tiempos inmemoriales H&M ha sido mi salvación, mi luz en momentos oscuros, mi espacio donde hacer tiempo en largas esperas, mi ayuda ante acontecimientos que marcan la vida de una…en fin, donde he comprado el 80% de mi ropa (hasta que conocí Primark, pero esa es otra historia. 

Nuestra relación siempre fue muy linda y nunca conocí fronteras: País que visitaba, H&M que necesitaba probar. Y ninguno me decepcionó. París, Londres, Lisboa, Madrid, Nueva York…Por eso, al saber que se abriría un H&M en Santiago mi alma se lleno de jubilo. “No solo encontraré ropa de mi talla sino que también de mi gusto” pensé con lágrimas en los ojos. 

Reacción natural ante la apertura del H&M en Santiago. Aunque en lo que celebraciones se refiere, yo soy más de bar.

Ayer me vi en la necesidad imperiosa de comprarme un cinturón, excusa más que razonable para correr al H&M de Costanera Center. Entré emocionada y ¿qué me encontré?

El caos.

“El orden lleva al caos” ha sido para mi una filosofía de vida, pero el nivel de caos de este caso en concreto no era ni medio sano. Para empezar la ropa amontonada, como si aquello fuera una feria. La decoración era bonita pero eclipsada por ropa encima de otra ropa, sin respetar tallas, estilos ni nada. 

Esta soy yo intentando pasar entre la ropa, buscando un cinturón.

En la zona de los accesorios se situaban las cosas rebajadas. Había muy poco, una caja con algún bolsito, un gorrito (que me llevé) y 4 chorraditas. En la ropa rebajada solo había abrigos y pantalones de pana. Vi cosas bonitas pero por ninguna me volvía loca. 

Otro punto malo es la cantidad de gente que hay. Algo me había advertido pero no pensé que en este caso la exageración del chileno no aplicaba. Eran dos pisos de gente desordenando ropa. Tampoco es que los que trabajan allí se matan por reorganizar.

Cuando decidí el cinturón que quería y piqué con el previamente comentado gorrito y un clutch decidí que era el momento de pagar. Y ahí si que es cosa del H&M: filas eternas porque en las cajas, que hay para que trabajen 5, solo hay 2. Además parece que ayer era “El Día del Becario” porque solo uno sabía manejar las cajas y su compleja tecnología.

Caja registradora del H&M según sus trabajadoras. 

Algunas tímidas empleadas empiezan a aparecer pero, para sorpresa de todos, las filas no van más rápido. Después de una fila de 15 minutos me toca a mi. Le entrego las cosas que me quiero llevar, las pasa por el detector, inserta mil claves y me pregunta por mi modo de pago. “Con tarjeta”. Pasa mi tarjeta por la ranura dos veces, y se da cuenta que mi tarjeta es especial y que tiene que pasarla por otra ranura. Lo hace y PUFF se le apaga la maquina. 

-Mejor vaya a donde mi compañera para que le cobre. 

Cerraron esa caja, haciendo que el resto se juntara en la otra. Su compañera me cobra y PUUUUUUF se le apaga la maquina.

-Claramente la tarjeta de esta chiquilla está mala.

Entonces sentí la ira de 20 personas porque según la cajera del H&M me había cargado dos maquinitas…¡MENTIRA!¿Cómo iba a ser la tarjeta?Pero claro, era más fácil culparme a mi, un pollo. A medio escondidas me hicieron el cobro y funcionó. Huí lo más rápido posible del lugar.

¿Volveré?Obvio, qué remedio. Pero ojalá mejore, sino mi vida no volverá a ser como antes.

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Elecciones municipales en Chile

Primero de todo, me hubiera gustado escribir esto ayer, que era cuando correspondía. Pero mis lunes son maratonianos, de salir de casa a las 7 y volver a las 21:30. A lo mencionado añadir un examen de una materia que para mi era totalmente desconocida y la meta del correr todos los días, que no lo hacía desde el instituto (bueno, y cuando me obligaban en clase de deporte me escondía detrás de una columna para no hacerlo). Así que realmente el día de ayer acabé destrozada. Y después de contar mi vida, escribo sobre las elecciones.

Esta chilenofilia mía unida a mi interés por la política y mis meses trabajando en Santiago ha hecho que termine leyendo acerca de lo que pasó el domingo.

Los dos puntos más importantes de estas elecciones han sido la derrota de los partidos que están en el gobierno y por la abstención que se ha dado. Como un colega me dijo por Twitter: “podría hacer un resumen técnico, pero creo que decir “la derecha se fue al carajo” resume todo bien”  (@AratzEguzkia).Las victorias más comentadas han sido las de Providencia, Santiago Centro y Ñuñoa,  en las que 3 mujeres han derrotado a  Labbé, Zalaquet y Sabat. Bueno, creo que esto es más gráfico

Y ha sido en este caso cuando hemos visto la verdadera elegancia de los perdedores: Zalaquet y Sabat han felicitado a sus rivales, especialmente Zalaquett (yo no puedo evitar tenerle cierta ternura después de la película de Krammer…). Pero digamos que Labbé no se ha tomado la derrota con tanta deportividad como sus colegas.  No solo ha criticado a su sucesora y a los medios, sino que declaraciones como “Si mi pasado pinochetista terminó pasándome la cuenta, fue un gran honor”, han salido de su boca. Quizá ahí tenga la explicación de por qué tanta alegría de la gente de su derrota, la lluvia de críticas y los gritos de “Asesino” por parte de algunos votantes cuando le vieron llegar a su mesa. Otro que no ha asumido la derrota es el clásico alcalde de Independencia que ha dicho de su sucesor “(…) es ser una mierda como persona”. Como se decía cuando yo era pequeña “Alguien está picado”.

El otro gran punto ha sido la abstención. Se han dado en el país 16 mesas sin votos. De los 13.404.084 chilenos convocados a votar, solo se acercaron a las urnas 5.476.947. Es un nivel de abstención como para preocuparse, no solo por el sistema de partidos, sino por la ciudadanía. Se tiene que dar una reflexión de por qué un país con una democracia tan joven no decide ir a las urnas. Qué ha cambiado de las elecciones anteriores a las del domingo pasado. Opiniones al respecto serán muy agradecidas.

Por último, destacar el debut de los mapuches, que han conseguido 8 alcaldías. ¿Irá a más?

 

 

 

 

Una serie de casualidades

Hace unos días, leí en El Blog de Lupi la recomendación de una tienda de maquillaje en el Costanera Center con el nombre The Republic Of Beauty. Me gustaron las fotos que publicó así que me anime a pasarme a cotillear antes de que mi chico saliera de su pega, para que no tuviera que vivir ese momento.

Así que allá que me planté a la salida de la oficina, dando un paseo. Me encanta esta zona, tener el Costanera al lado es genial (que será el lugar donde pongan el primer HM de Sudamérica, motivo de alegría). Llegué y tarde mucho tiempo en encontrar la tienda. Además de por mi miopía y mi escaso uso de las gafas de contacto, si tardé tanto es porque es un centro comercial desordenado y no es lo suyo siendo gigantesco. Por fin lo encontré y he de reconocer que mi decepción fue máxima: nada de verdad merecía la pena por el precio por el que lo vendían, todo era demasiado caro. Dolida con la vida y con la industria del maquillaje di un paseo y encontré una especie de droguería/farmacia donde vendían maquillaje rebajado. Oh, gracias, Señor, por esta señal que me indicaste.

Quizá no sean cosas de MAC pero mira, la vida es así y cuando se tiene presupuesto de estudiante/practicante en el extranjero hay que hacer apaños.

Ya a la salida me encontré con mi hombre y tras dar vueltas por el Costanera fuimos al patio de comida.

Sé que la historia suena aburrida y que es irrelevante que fuéramos a cenar pero prometo que la cosa mejora (un poco).

Durante la cena, mi chico saludo a un amigo suyo. Al irnos, un desconocido nos dijo que estaba buscando gente para llenar una sala de cine y que, como eran amigos del amigo de Mr Pololo, nos invitaban a ir al cine en ese momento, a la premier de la película “Ted”. Parece ser que tenía que celebrarse en La Florida, pero tuvieron que cambiar el lugar y las vías de comunicación habían fallado, de tal forma que La Florida estaba llena y el Costanera, vació. Ni lo dudamos, entramos a la sala y nos sentamos por las primeras filas (de nuevo mi miopía). El presentador del evento era Nicolás Copano, una celebridad televisiva chilena que yo francamente, no conocía. 10 minutos más tarde de entrar nosotros, empezó la película y este hombre se sentó a mi lado. (¡¡Y YO CON ESTOS PELOS!!).

Fue una suerte porque yo quería ver la película desde que mi querido compañero Mati me enseñó el trailer.  Me encantó, no es una obra maestra pero es muy divertida. La recomiendo sin duda.

A la salida de la pelí podías sacarte fotos con el presentador con el photocall y toda la historia pero… siguiendo la filosofía de “este pollo se va volando” nos retiramos al hogar que ya era tarde.

 

Vuelta al blog- Semana vasca

¡Vergüenza debería de darme!

La verdad es que siento mucho no haber actualizado en poco más de una semana pero si no es por tiempo, es por inspiración. Así que vuelvo a la carga y a poner un poco al día este caos.

El miércoles pasado estuvimos en el Txoko Alavés, un restaurante vasco justo enfrente de la salida de Bellas Artes. Entrar a ese local fue como ir de pintxos por Bilbao. Del restaurante hablaré en el apartado de los bares, pero voy a postear aquí algunas fotos.

Una de las cosas buenas del local, aparte de la comida, era el trato de los camareros que, a pesar de ser peruanos o cubanos, tenían ese encanto de camarero vasco que enseguida te pregunta cosas acerca de tu vida o comenta contigo las últimas noticias y partidos del Athletic. Es algo que yo al menos no he visto en Santiago. Tampoco es que me muera porque el camarero no esté interesado en mi vida pero el rollo “conversa con tu camarero mientras te tomas unos potes” tiene su gracia.

La semana siguió su linea vasca el sábado, con la celebración de las Fiestas de Bilbao en nuestro depto. Preparamos pintxos, le dimos un toque decorativo con la temática de las fiestas… incluso tuvimos Mari Jaia. La Mari Jaia es una especie de muñeca travesti de 3 metros que en Bilbao paseamos con orgullo durante nuestra semana grande, acompañándonos en nuestra incansables juergas y decadentes estados catatónicos.

He aquí nuestra Mari Jaia. Espero que con la imagen se entienda por qué he dicho antes “travesti”.

El último día, en plan simpáticos, quemamos a la Mari Jaia. Sí, así de agradecidos somos los vascos. Nos das alegría y te quemamos. Aunque en eso son peores los valencianos…

Volviendo a las fiestas de Bilbao chilenas, los pintxos, música vasca, una Mari Jaia comprada en Meiggs, kalimotxo, unas nociones en euskera y un karaoke hicieron que hubiéramos una buena noche. En el caso de los pintxos, ayudaron a que la mañana siguiente también fuera buena porque nos salvó de lo que podría denominarse “The Big Hangover”. Comentar una anécdota que parece que le marcó a mi querido compañero de pega y amigo Mati. Durante el karaoke, momento en el que estábamos a fuego/on fire alguien tocó la puerta. Abrimos y era un chaval, algo perdido en la vida que le apetecía hablar y, si había suerte, colarse en la fiesta. El colega no tuvo suerte. Fin de la historia (no era muy apasionante, lo siento). Mi reflexión es la siguiente: ¿En qué momento de tu vida decides que es buena idea tocar al timbre de tu vecino, el cual está atormentando a todo el vecindario con su voz en el karaoke, e intentas colarte en la fiesta? Son las clásicas respuestas que solo el Señor tiene. Mientras el lector reflexiona acerca de esta nueva filosofía de vida, voy a dejar algunas fotos.

Desde aquí agradecer a todos los que vinisteis, por ayudarme a tener un trocito de mi añorado Bilbao durante unas horas. Fue muy bonito, muchas gracias. Especial agradecimiento, cómo no, al chef de los pintxos y al hombre más maravilloso del mundo. Sin ti nada de esto se hubiera dado.

P.D. Parecerá contradictorio teniendo en cuenta que hace una semana que no escribo pero estoy replanteándome seriamente seguir con el blog tras mi vuelta a Bilbao y, además, hablar de otras cosas que no sea turismo. Algo así como un diario. Se admiten sugerencias, críticas y/o amenazas para que no se lleve a cabo este propósito mio.

Esta imagen no tiene nada que ver con el post pero me parece demasiado genial para no explotarla.

Vivo en Provi

Hace unos días que me he mudado definitivamente y he pasado de mi querido Ñuñoa a Providencia. La comuna de Providencia es el centro de todo el movimiento de Santiago en cuanto a economía, empresas y comercio se refiere, diferente a la paz y tranquilidad que se respira cuando se pasea por Ñuñoa. En Providencia todo el mundo tiene prisa. Las calles se convierten en pistas de atletismo, porque la gente anda muy rápido para ir a sus correspondientes pegas. Y todos vestidos de manera elegante (aunque otro tema de post puede ser el estilismo chileno) y adecuada a sus oficinas.

Todo eso, que es muy parecido a Europa, se contradice con la gente que vende sandwiches  por 500 pesos (menos de 1 euro), revistas, medias, calcetines, collares, bufandas… todo tirado en la calle. Tampoco pasan desapercibidas las señoras que leen el tarot, sentadas en los bordes de las entradas de los metros o en los bancos (11 de septiembre en este aspecto es clave). Los perros vagos, que hay en todo Santiago, están muy entrenados para saber cuándo cruzar los pasos de peatón o esquivar las bicis. Yo diría que lo saben hacer mejor que muchos humanos…

Una de las joyas de Providencia es el Costanera Center, un super centro comercial con capacidad para 300 tiendas, aunque como está recién inaugurado solo hay 150 abiertas. 6 pisos, un comedor que proporcionalmente no corresponde y una cascada con luces que cae desde la parte de arriba del mall en el interior son varias de las características. Justo al lado se está construyendo un edificio con el mismo nombre, que promete ser el edificio más alto de Latinoamérica.

Ésta es la idea del Costanera…no pienso entrar en valoraciones.

Pero Providencia también tiene cosas interesantes para ver como la Plaza de las Estatuas, la Plaza de la Aviación así como mucha vida de restaurantes, bares y locales. Es fácil encontrarse mini placitas o terrazas en las que la gente se reúne a tomar unas chelas (cervezas) después del trabajo.

La verdad es que vivir en Providencia es una gozada, por la cercanía con todo, la facilidad de encontrar cualquier cosa, por su ambiente…pero en mi caso, me encanta Providencia por darme la opción de vivir con el hombre más maravilloso del mundo.

Chilenos que van de japoneses

Vaya subidón, las estadísticas de las visitas han subido bastante… muchas gracias 🙂

Hoy hemos ido a comer al Too Much, uno de los muchos que hay, justo al lado de la parada de metro Tobalaba. Espero que la siguiente vez que vaya me tengan preparadas mis acciones, porque últimamente no salgo de ahí.  Es un restaurante de solo sushis a un precio bastante asequible. Por 3.800 pesos (6,25 eurors) tienes el menu almuerzo con tus 12 sushis, bebida y postre.

Hay millones y millones (bueno, puede que sea exagerado) de locales de sushi en Santiago (nótese que aquí todos dicen “suchi”). Las cartan son muy amplias, con recetas propias de cada restaurante. Curiosamente, estos locales no son regentados por japoneses: chilenos, e incluso peruanos, preparan los “suchis” como si en el centro de Tokyo hubieran nacido. Le echan de todo, experimentan. Se atreven con pollo, lomo, pimientos y, como no, su querida palta (aguacate). Tengo que admitir que siempre que he comido sushis aquí he probado buenísimos. Y encima muy baratos (¿Qué más se puede pedir?). Quizá los chilenos no desarrollen mucho su cocina, pero este apartado de la cocina japonesa lo tienen muy dominado.

Por si comer sushi era barato, tienes un sistema para que te salga aún más barato. Entrando en esta página puedes apuntarte a promociones y descuentos. Funciona similar a páginas como Groupalia: se marca la comuna y te sale las ofertas que hay en el momento. Tú imprimes el cupón, llamas por teléfono con una hora de antelación y lo pasas a buscar a la hora acordada con el cupón. Hay algunos que también te lo llevan a casa,eso depende del loca. A los chilenos que leen el blog (que según mis estadísticas los hay): si no lo conocéis apuntaos porque es una gozada.

Ahora viene el apartado “Soy europea y civilizada y aún así soy la más pringada de Santiago”. Aquí TODOS comen los sushis con palillos. Es algo que no se discute. Cuando he ido a comer sushi con chilenos y pido tenedor, me abuchean y no entienden por qué pido tenedor. “¿Si habías probado en Bilbao el sushi por qué no sabes comer con palillos?”. Para ellos es algo natural comer con los palillos. Tan natural que la primera vez que pedí cubiertos, el camarero no sabía dónde estaban porque nunca se los habían pedido. El resto de las veces me suelen decir “Oh, también tenemos palillos con ayuda, para aprender a comer” y yo respondo con un “insisto, yo a lo occidental”. Lo siento, mi coeficiente intelectual no llega a ese nivel. Perdón, pueblo chileno.

Macro actualización

Ha sido una semana de locos y he tenido absolutamente abandonado el blog, lo sé. Espero que mis lectores habituales me perdonen…qué descaro el mio!!Pero es que desde el sábado pasado, mi vida en Chile ha cambiado (mejor dicho, mi vida en general ha cambiado).

El sábado por la tarde estuve en Pomaire con mi familia política. Pomaire es un pueblo muy pequeñito, típico chileno, rural y con muchas tiendas en las que vendían artesanía chilena. Todo en general era muy barato, demasiado. El valor del trabajo no se aplica en el precio, no como en Europa, que cuando en un puestito pone la palabra “Artesanía” necesitamos donar un riñón para poder pagar un plato de decoración. Hay dos cosas típicas de Chile que se venden en Pomaire. Una es el chanchito (cerdo)

Y otra es el indio pícaro (que es demasiado)

La gracia es que tú levantas la cabeza y la figura se estira y al indio se le ve…el… (por eso se le llama indio pícaro).

También compramos dulces típicos chilenos como palmera y así. Tampoco necesitamos comprar mucho porque en la casa había mil dulces chilenos diferentes como cuchifrines, tortas, pastel de chocolate con dulce de leche…

Al día siguiente viví la escena más rocambolesca/friki pero a la vez romántica de mi vida. Madrugué para ir al aeropuerto a buscar a lo que aquí en Chile se le llama…pololo. O lo que en Bilbao le llamamos el chico, mozo, novio. Hasta ahí todo normal. Lo anormal era que nos conocimos en persona ese día. Aunque no hicieron falta más de 3 minutos para que pasamos de ser dos desconocidos físicamente a tener un feeling que nunca antes había tenido con nadie. No puedo explicar lo afortunada que me siento de haberle encontrado. Y hasta aquí la parte cursi.

El domingo por la tarde visitamos Talagante y Peñaflor, otros dos pueblos, cercanos a Santiago, rurales también. Así que el fin de semana fue descubrir el verdadero Chile, no el que pretende aparentar lo que no es y parecerse a Europa sino el auténtico, el que acepta ser Latinoamérica.

El martes fui al trabajo, como una mujer hecha y derecha, y por la noche fui con mi pololo al Rincón Brasilero, un restaurante donde te preparaban carne (muy hecha…) y te iban sirviendo todo lo que querías. Además tenía su apartado de buffet de ensaladas, ideal para cuando te entra el momento de remordimiento. Por cierto, la carne acompañada por Pisco Souer te hace ver la vida de otra forma (al tercer pisco seguramente borrosa).

El miércoles cenamos con unos amigos en el Domino’s otra de las cosas típicas, los italianos con churrasco. Del jueves me encantaría escribir pero tengo la tremenda laguna (he estado esforzándome por saber qué hice pero no obtengo respuesta). El viernes teníamos el carrete de bienvenida de mi chico con sus amigüitos, que se alargó hasta altas horas de la noche, todos acompañados de pisco, ron y otros licores caribeños, junto a clases express de salsa, momentos de dj y conocer a mucha gente. No puedo más que repetirme y decir cómo de encantadores son los chilenos. El sábado fue un día absolutamente improductivo, el máximo movimiento fue el de ir a una tienda de sushis a comprar la comida. Aunque después de una semana de no parar, un día de ésos se agradece.

El domingo, después de dormir y hacer cosas del hogar, nos hemos ido al Mercado Central, un lugar totalmente turístico. Situado en Santiago Centro, el Mercado es un lugar con dos tipos de locales: puestos donde se vendían pescado y marisco (y en algunos casos frutas y verduras) de todos los tipos y restaurantes que cocinaban dichos pescados y mariscos.

Luego hemos ido andando hasta la entrada de Bellavista, parando en algunas ferias artesanales (puestitos hippies) y turisteando un poco (bueno, tampoco “poco”, ha sido un paseo considerable).

Y hasta aquí la actualización de hoy. Intentaré escribir todos los días, ahora que hago más cosas.