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Turismo de ciudad

La idea inicial era sencilla. sana y turística: subir el cerro Santa Lucía, comer e ir a ver una feria que se manejaba con trueque. Lo dicho, “la idea inicial”. Los planes se han trastocado en menos de un minuto pero la verdad es que hoy me lo he pasado como una enana.

De partida la idea de subir el cerro, con el calor que hacia ha sido la primera en fenecer, como era de esperar. Que el deporte es insano lo sabe todo el mundo y yo no me quiero exponer ni a riegos ni a peligros. Mucho más sano ha sido ir a la Fuente Mardoqueo, comer un churrasco con palta, tomate, champiñones y pimientos y beber una super Cuzqueña. A dicha hazaña hemos ido con grandes amigos, que han hecho del almuerzo un rato muy divertido.

La verdad es que el local era muy bonito, a pesar de estar en un sector un tanto… incómodo para pasear. Algunas fotos del local:

A la salida de la comida, hemos visto una protesta del barrio. Los vecinos se quejaban de que la municipalidad quería tirar las casas que habían sido dañadas en el último terremoto, en vez de arreglarlo. Bueno eso es lo que hemos podido entender.

Ejemplo de casas Zalaquet no quiere reconstruir.

Señor reivindicativo.

Luego una señora iba gritando por la calle diciendo que la gente que protestaba dormía en la calle y eran vagabundos… una señora muy respetuosa.

Después mi querida Pao nos abandonó pero el resto del grupo vino con nosotros a La Chascona. Del grupo que íbamos, los 3 chilenos no conocían la casa de Neruda en Santiago y yo repetía, cuan friki.

Nos aventuramos a La Chascona, residencia en Santiago de Neruda, para ver sus colecciones, los libros que no fueron quemados en el golpe, los bolsos de Matilde Urrutia…repetí visita pero me encantó.

A la salida quisimos subir al Cerro San Cristóbal, aprovechando el día tan bonito que había salido. Peeero el funicular había cerrado y no estábamos en condiciones de subir andando así que optamos por una opción más sana: ir a un bar a tomar cerveza y comer chorrillana. Antes de ir a por chorrillana tuve que sacar esta foto.

Volviendo al tema de los bares, estuvimos en

y fue bastante decepcionante porque la chorrillana que vendían como pro era pequeña y sin mucha gracia. Yo me sentí dolida ante tanto engaño.

Cuando empezó a oscurecer paseamos por la feria artesanal de Bellavista (qué raro) y dejamos a los muchachos en el metro. Nosotros seguimos paseando y acabamos en el Parque de la Aviación, que por las noches la fuente se ilumina con diferentes colores.

Es más impresionante en vivo.

Tras el momento romántico nos retiramos al hogar, que llevar todo el día danzando cansa.

Salsa, ritmo de la vida

Hoy actualizaré dos veces (o al menos esa es la idea), para suplir el que no actualizara ayer.

Pero es que no tuve tiempo: tenía mi primera clase de salsa en una academia pequeñita, Ven Y Baila, cerca  de Metro Santa Isabel. Mi primera clase y ya estaba en el segundo nivel (horror,pollo bailarín!!). No es que me pusieron en ese nivel porque el brillo de mis ojos mostraba mi tremendo son, sino porque mis acompañantes (pololo y amigos) sí que bailan bien y tampoco era plan de que se murieran del asco en mi nivel “pato”. Así que le eché un par de…ostrones y, vestida con mi camiseta de Berlin y una coleta me puse a bailar.

La clase fue muy divertida. Eramos pocas parejas, lo cual ayudaba a que se pudiera aprender más fácil (y que mi dignidad no estuviera tan por los suelos). Otra de las técnicas era el constante cambio de parejas, así que bailabas con todo el mundo (pobres chico, cuando les tocaba bailar conmigo…). La clase consistía en que Oscar, el profesor, bailaba y nosotros le íbamos siguiendo. Cuando sabes lo básico genial, cuando no mueres. Pero al final, a base de darle, me defendí y salí airosa de la clase (y sudada). Antes de irnos, Oscar bailó con una chica lo que habíamos aprendido por si queríamos grabarlo para practicar en casa y, sorpresa, nos puso deberes. Grabamos unas vueltas (que a mi me parecen imposibles) para aprenderlas en casa. Aún sudada, cansada, con los pies destrozados y con el estres del primer día, me lo pasé como una enana y ya tengo ganas de la siguiente clase.

Para celebrar la felicidad de la primera clase, fuimos a “El Bodeguero”. Al entrar, me sentí como en casa: la estética era totalmente bar de Iturribide, muy del estilo Zerua (en Bilbao). Allí pedimos una promoción gloriosa: 2 jarras de cerveza y una chorrillana, osea ésto

Pero el que pedimos nosotros era a lo bestia y con mejor pinta.

A mi la verdad es que no se me ocurre una mejor forma de terminar una clase de salsa.

Chilenos que van de japoneses

Vaya subidón, las estadísticas de las visitas han subido bastante… muchas gracias 🙂

Hoy hemos ido a comer al Too Much, uno de los muchos que hay, justo al lado de la parada de metro Tobalaba. Espero que la siguiente vez que vaya me tengan preparadas mis acciones, porque últimamente no salgo de ahí.  Es un restaurante de solo sushis a un precio bastante asequible. Por 3.800 pesos (6,25 eurors) tienes el menu almuerzo con tus 12 sushis, bebida y postre.

Hay millones y millones (bueno, puede que sea exagerado) de locales de sushi en Santiago (nótese que aquí todos dicen “suchi”). Las cartan son muy amplias, con recetas propias de cada restaurante. Curiosamente, estos locales no son regentados por japoneses: chilenos, e incluso peruanos, preparan los “suchis” como si en el centro de Tokyo hubieran nacido. Le echan de todo, experimentan. Se atreven con pollo, lomo, pimientos y, como no, su querida palta (aguacate). Tengo que admitir que siempre que he comido sushis aquí he probado buenísimos. Y encima muy baratos (¿Qué más se puede pedir?). Quizá los chilenos no desarrollen mucho su cocina, pero este apartado de la cocina japonesa lo tienen muy dominado.

Por si comer sushi era barato, tienes un sistema para que te salga aún más barato. Entrando en esta página puedes apuntarte a promociones y descuentos. Funciona similar a páginas como Groupalia: se marca la comuna y te sale las ofertas que hay en el momento. Tú imprimes el cupón, llamas por teléfono con una hora de antelación y lo pasas a buscar a la hora acordada con el cupón. Hay algunos que también te lo llevan a casa,eso depende del loca. A los chilenos que leen el blog (que según mis estadísticas los hay): si no lo conocéis apuntaos porque es una gozada.

Ahora viene el apartado “Soy europea y civilizada y aún así soy la más pringada de Santiago”. Aquí TODOS comen los sushis con palillos. Es algo que no se discute. Cuando he ido a comer sushi con chilenos y pido tenedor, me abuchean y no entienden por qué pido tenedor. “¿Si habías probado en Bilbao el sushi por qué no sabes comer con palillos?”. Para ellos es algo natural comer con los palillos. Tan natural que la primera vez que pedí cubiertos, el camarero no sabía dónde estaban porque nunca se los habían pedido. El resto de las veces me suelen decir “Oh, también tenemos palillos con ayuda, para aprender a comer” y yo respondo con un “insisto, yo a lo occidental”. Lo siento, mi coeficiente intelectual no llega a ese nivel. Perdón, pueblo chileno.

Macro actualización

Ha sido una semana de locos y he tenido absolutamente abandonado el blog, lo sé. Espero que mis lectores habituales me perdonen…qué descaro el mio!!Pero es que desde el sábado pasado, mi vida en Chile ha cambiado (mejor dicho, mi vida en general ha cambiado).

El sábado por la tarde estuve en Pomaire con mi familia política. Pomaire es un pueblo muy pequeñito, típico chileno, rural y con muchas tiendas en las que vendían artesanía chilena. Todo en general era muy barato, demasiado. El valor del trabajo no se aplica en el precio, no como en Europa, que cuando en un puestito pone la palabra “Artesanía” necesitamos donar un riñón para poder pagar un plato de decoración. Hay dos cosas típicas de Chile que se venden en Pomaire. Una es el chanchito (cerdo)

Y otra es el indio pícaro (que es demasiado)

La gracia es que tú levantas la cabeza y la figura se estira y al indio se le ve…el… (por eso se le llama indio pícaro).

También compramos dulces típicos chilenos como palmera y así. Tampoco necesitamos comprar mucho porque en la casa había mil dulces chilenos diferentes como cuchifrines, tortas, pastel de chocolate con dulce de leche…

Al día siguiente viví la escena más rocambolesca/friki pero a la vez romántica de mi vida. Madrugué para ir al aeropuerto a buscar a lo que aquí en Chile se le llama…pololo. O lo que en Bilbao le llamamos el chico, mozo, novio. Hasta ahí todo normal. Lo anormal era que nos conocimos en persona ese día. Aunque no hicieron falta más de 3 minutos para que pasamos de ser dos desconocidos físicamente a tener un feeling que nunca antes había tenido con nadie. No puedo explicar lo afortunada que me siento de haberle encontrado. Y hasta aquí la parte cursi.

El domingo por la tarde visitamos Talagante y Peñaflor, otros dos pueblos, cercanos a Santiago, rurales también. Así que el fin de semana fue descubrir el verdadero Chile, no el que pretende aparentar lo que no es y parecerse a Europa sino el auténtico, el que acepta ser Latinoamérica.

El martes fui al trabajo, como una mujer hecha y derecha, y por la noche fui con mi pololo al Rincón Brasilero, un restaurante donde te preparaban carne (muy hecha…) y te iban sirviendo todo lo que querías. Además tenía su apartado de buffet de ensaladas, ideal para cuando te entra el momento de remordimiento. Por cierto, la carne acompañada por Pisco Souer te hace ver la vida de otra forma (al tercer pisco seguramente borrosa).

El miércoles cenamos con unos amigos en el Domino’s otra de las cosas típicas, los italianos con churrasco. Del jueves me encantaría escribir pero tengo la tremenda laguna (he estado esforzándome por saber qué hice pero no obtengo respuesta). El viernes teníamos el carrete de bienvenida de mi chico con sus amigüitos, que se alargó hasta altas horas de la noche, todos acompañados de pisco, ron y otros licores caribeños, junto a clases express de salsa, momentos de dj y conocer a mucha gente. No puedo más que repetirme y decir cómo de encantadores son los chilenos. El sábado fue un día absolutamente improductivo, el máximo movimiento fue el de ir a una tienda de sushis a comprar la comida. Aunque después de una semana de no parar, un día de ésos se agradece.

El domingo, después de dormir y hacer cosas del hogar, nos hemos ido al Mercado Central, un lugar totalmente turístico. Situado en Santiago Centro, el Mercado es un lugar con dos tipos de locales: puestos donde se vendían pescado y marisco (y en algunos casos frutas y verduras) de todos los tipos y restaurantes que cocinaban dichos pescados y mariscos.

Luego hemos ido andando hasta la entrada de Bellavista, parando en algunas ferias artesanales (puestitos hippies) y turisteando un poco (bueno, tampoco “poco”, ha sido un paseo considerable).

Y hasta aquí la actualización de hoy. Intentaré escribir todos los días, ahora que hago más cosas.